jueves, febrero 05, 2009
Camino: Hay que verla, vengas de donde vengas

Salí casi con escalofríos del cine. Con nudo en la garganta. Sentimiento de culpabilidad sin ser culpable de nada. Pero lo había conseguido. Javier Fesser – y todo su equipo – puso en duda gran parte de mi existencia, mis creencias y las de mis antepasados. Seis Goyas, de esos que otorga el cine español cantando la internacional, me hicieron cruzar la puerta de los cines Princesa y enfrentarme – con un cierto pavor, como si hiciera algo malo- a una película sobre una historia cruel, hecha con mala leche, pero con argumento que justificaba con creces su maléfica intención.
Camino, ese bonito libro de Monseñor. El Opus. Un fanatismo llevado a su máxima expresión. Una niña y una muerte – la película no engaña desde el segundo uno- . La sinrazón. El opio del pueblo . Y ni aun fumándote un campo entero llegas a hacer lo que alguno de sus fantásticos actores – y sobre todo actrices- . No te derrumba la fe, no temas. Si crees, sea lo que sea lo que mueve tu razón, puedes seguir creyendo después de las dos horas y media. Pero hay algo que te quedará claro a la salida. Los extremos, tanto de un lado como de otro, siempre fueron malos.
Y lágrimas. Gente que lloraba. Yo no podía. Insisto en que me sentía culpable, sin ganas de soltar ni una sola lágrima. La dureza de su argumento, alguna escena sorpresa del final, y el magnífico manejo de las tomas cargadas de emoción, merecen la pena.
Ya está bien de la tomadura de pelo, de la sin razón que nos lleva como ovejas, sin mirar que hay gente –mucha- que sufre con nuestra mirada, con nuestro falso “camino”. Ya me dirás si te gustó…
Camino, ese bonito libro de Monseñor. El Opus. Un fanatismo llevado a su máxima expresión. Una niña y una muerte – la película no engaña desde el segundo uno- . La sinrazón. El opio del pueblo . Y ni aun fumándote un campo entero llegas a hacer lo que alguno de sus fantásticos actores – y sobre todo actrices- . No te derrumba la fe, no temas. Si crees, sea lo que sea lo que mueve tu razón, puedes seguir creyendo después de las dos horas y media. Pero hay algo que te quedará claro a la salida. Los extremos, tanto de un lado como de otro, siempre fueron malos.
Y lágrimas. Gente que lloraba. Yo no podía. Insisto en que me sentía culpable, sin ganas de soltar ni una sola lágrima. La dureza de su argumento, alguna escena sorpresa del final, y el magnífico manejo de las tomas cargadas de emoción, merecen la pena.
Ya está bien de la tomadura de pelo, de la sin razón que nos lleva como ovejas, sin mirar que hay gente –mucha- que sufre con nuestra mirada, con nuestro falso “camino”. Ya me dirás si te gustó…
viernes, diciembre 26, 2008
Los Reyes Magos no son los padres

Un matrimonio amigo me contó ,hace ya unos días y todavía con la emoción palpable en sus palabras, cómo su hijo de 5 años momentáneamente había dudado de la existencia de los Reyes Magos. A pesar de no tener hijos, imagino el palo que para unos padres debe ser no poder cumplir los sueños fantásticos de sus ilusionados enanos. En este caso, el matrimonio iba en el coche y el hijo , recostado en la parte de atrás, mascaba pensamientos inexplicables para muchos de los adultos. Y sin más, dijo la frase que nadie esperaba, la que todos trataban evitar escuchar:
- Papá, Mamá, un chico en el cole me ha dicho que los Reyes Magos son los padres.
Un silencio frío y estremecedor apareció en la parte delantera del coche, enmudeciendo aun más a los felices padres de la criatura, que jamás esperaban una sentencia tan condenatoria como la que su hijo acababa de soltar. El hijo, sin esperar ninguna respuesta en sus progenitores, o no queriendo escuchar su explicación a tan extraña reflexión, continuó con su pensamiento en voz alta:
- Creo que me está mintiendo, - dijo el niño- . Los Reyes Magos son tres y vosotros sois sólo dos. Así que es imposible.
No hay nada como buscar excusas que nos permitan seguir teniendo una ilusión emocionante, aunque a veces la realidad nos bofetee en la cara y queramos seguir soñando despiertos.
Mientras la felicidad perdure, bienvenida sea la pesadilla. Será la única que tengamos en nuestra vida de la que jamás queramos despertar.
Feliz Navidad y Feliz 2009 para todos... y que os traigan muchas cosas los Reyes Magos, o no.
miércoles, noviembre 26, 2008
Sobre el bótox y otros desastres faciales

Estuve en Sensation White, me vestí de blanco como las reglas marcaban e incluso bailé al ritmo de la música electrónica. La decoración fue espectacular, la organización un verdadero desastre. Poco a poco fueron apareciendo los problemas lógicos de la falta presupuestaria (o la mala adjudicación de las partidas) y problemas como la limpieza o la falta de hielo (¿¿) hicieron crispar al personal. Y eso que estábamos en la parte VIP, no quiero ni pensar lo que ocurría en el resto…
El caso es que disfrutamos como enanos, nos reímos preparando los “disfraces” (ir de blanco inmaculado nunca se nos dio bien por las implicaciones de virginidad intrínsecas al color), y la verdad es que la gente y el espacio, a pesar de los problemas, eran dignos de ver y de fotografiar. Sobre todo algunos. Y es que a veces conviene poner un límite de edad en la entrada para determinados eventos, o corres el peligro de que te señalen como el anciano de lugar. Aunque siempre te reconforta saber que hay gente mayor que tu, mucho mayor, haciendo el ridículo de manera sobrenatural.
Me encontré con un viejo amigo, al que no veía hace unos diez años. Recuerdo que este amigo, al que denominaré Pepe para conservar su anonimato, era de los tíos más cañones de la noche madrileña hace ya 20 años. Creo incluso que llegó a ocupar alguna de las portadas de las revistas de corazón de aquél entonces, como soltero de oro (hoy misteriosamente sigue ocupando el mismo estado civil). Compartí fiestas en su casa con lo mejor y lo más guapo de Madrid, un público que por aquel entonces abarrotaba el Hanoi de la calle Hortaleza o el Archy de Marqués de Riscal.
Pero “Pepe” ha cambiado, no es el mismo que triunfaba en la noche madrileña. Fui incapaz de reconocerle a la primera, tuvo que presentarse de nuevo después de tantos años de ausencia de amistad. Y entonces, mientras hablaba y recordaba con nostalgia los momentos vividos, me fijé en su cara, haciendo un recorrido por su frente, su nariz, la boca, los pómulos, como queriendo hacer una radiografía de aquel tipo, el “Pepe” que yo conocí y el desconocido de hoy. Y entonces caí en la cuenta. El botox había hecho estragos.
Y es que la gente no se da cuenta, o directamente se deja engañar por alguien que le convence de su inmediata juventud tras una decena de pinchazos. Esos labios parecían ruedas Michelín de un anuncio. Esa frente, con ausencia de expresión total y esos pómulos de Heidi tras un paseo por la montaña ridiculizaban su rostro (ya no es cara, sino rostro). Y “Pepe” tan feliz, sonriendo como si el tiempo no hubiera pasado por él ni por nosotros (en mi caso es bastante fácil averiguar cuántos años han transcurrido, exactamente 20).
Quiero envejecer a gusto sin necesidad de negar mi edad a nadie. Y si lo hago, quiero que sea porque voluntariamente me niegue a confesarlo, no porque mi cara de hombre elefante me delate. De momento estoy feliz con esas arrugas. El tiempo me dirá si tengo que pintarme nueva cara o no, pero juro que no usaré nada que resulte tan artificial como lo que el otro día vi. Porque me encanta que me sigan viendo como el que era, con los lógicos trastornos de la edad tardía.
El caso es que disfrutamos como enanos, nos reímos preparando los “disfraces” (ir de blanco inmaculado nunca se nos dio bien por las implicaciones de virginidad intrínsecas al color), y la verdad es que la gente y el espacio, a pesar de los problemas, eran dignos de ver y de fotografiar. Sobre todo algunos. Y es que a veces conviene poner un límite de edad en la entrada para determinados eventos, o corres el peligro de que te señalen como el anciano de lugar. Aunque siempre te reconforta saber que hay gente mayor que tu, mucho mayor, haciendo el ridículo de manera sobrenatural.
Me encontré con un viejo amigo, al que no veía hace unos diez años. Recuerdo que este amigo, al que denominaré Pepe para conservar su anonimato, era de los tíos más cañones de la noche madrileña hace ya 20 años. Creo incluso que llegó a ocupar alguna de las portadas de las revistas de corazón de aquél entonces, como soltero de oro (hoy misteriosamente sigue ocupando el mismo estado civil). Compartí fiestas en su casa con lo mejor y lo más guapo de Madrid, un público que por aquel entonces abarrotaba el Hanoi de la calle Hortaleza o el Archy de Marqués de Riscal.
Pero “Pepe” ha cambiado, no es el mismo que triunfaba en la noche madrileña. Fui incapaz de reconocerle a la primera, tuvo que presentarse de nuevo después de tantos años de ausencia de amistad. Y entonces, mientras hablaba y recordaba con nostalgia los momentos vividos, me fijé en su cara, haciendo un recorrido por su frente, su nariz, la boca, los pómulos, como queriendo hacer una radiografía de aquel tipo, el “Pepe” que yo conocí y el desconocido de hoy. Y entonces caí en la cuenta. El botox había hecho estragos.
Y es que la gente no se da cuenta, o directamente se deja engañar por alguien que le convence de su inmediata juventud tras una decena de pinchazos. Esos labios parecían ruedas Michelín de un anuncio. Esa frente, con ausencia de expresión total y esos pómulos de Heidi tras un paseo por la montaña ridiculizaban su rostro (ya no es cara, sino rostro). Y “Pepe” tan feliz, sonriendo como si el tiempo no hubiera pasado por él ni por nosotros (en mi caso es bastante fácil averiguar cuántos años han transcurrido, exactamente 20).
Quiero envejecer a gusto sin necesidad de negar mi edad a nadie. Y si lo hago, quiero que sea porque voluntariamente me niegue a confesarlo, no porque mi cara de hombre elefante me delate. De momento estoy feliz con esas arrugas. El tiempo me dirá si tengo que pintarme nueva cara o no, pero juro que no usaré nada que resulte tan artificial como lo que el otro día vi. Porque me encanta que me sigan viendo como el que era, con los lógicos trastornos de la edad tardía.
lunes, octubre 13, 2008
Vivencias del pasado con el micro abierto

Parece mentira lo que la mente –cualquiera- es capaz de llevar en tan poco espacio. Basta con hurgar discretamente con cualquiera de nuestros sentidos y aparecen historias que yacían olvidadas en una neurona sin utilizar. Los estímulos, sean del tipo que sean, ayudan a abandonar esa laguna temporal y aparecen de nuevo , como por arte de magia y sin avisar, imágenes del pasado tan reales que parece que son de ayer. Un sonido, un olor, una foto, y hasta una calle abandonada sirven para despertar hechos pasados , a veces buenos, a veces malos, pero que permanecen en nuestra mente impasibles ante nuestros irremediables deseos de borrarlos.
Gran parte del éxito de los psicólogos está en tener la llave para encontrar estos mundos tan reales y abandonados mucho antes que nosotros. Su habilidad radica en utilizar un potente escavador mental que deja la tuneladora de Gallardón por los suelos –nunca mejor dicho ahora que la calle Serrano se va a hacer a mano- y casi siempre acompañada de lágrimas aparece esa historia que juramos habíamos matado sin posibilidad de resurrección.
Meterse en el pasado, escarbar, huir de un presente poco alentador buscando causas que justifiquen situaciones desagradables, eternas réplicas de lo que vivimos y que jamás podrán repetirse por mucho que nos empeñemos. Una serie de promesas que nunca se hacen realidad, fruto de otros tiempos, de otros sentimientos más puros y muy difíciles de igualar.
Y hablando del pasado y de los sueños, dos recomendaciones y un apunte. La primera recomendación, la magnífica exposición en Madrid de Gyenes y Ramblas, retratistas – con cámara – de una sociedad del pasado que permanece en el presente como si fueran impávidos ante tu mirada. La segunda , un espectáculo que nos traslada a los sueños, y del que todavía puedes comprar entradas. Se trata de Dreams2, un viaje hacia la luz, el sonido, el agua y el baile, con producción cien por cien nacional . Sólo dos días para disfrutar de un espectáculo único que no te debes perder.
El apunte, en referencia al micrófono abierto al mundo. Si nos dejamos llevar por la lista de los españoles más influyentes de este año, el Sr. Rajoy está el número dos. Con este panorama, Mariano debería abrir un poco más los ojos y cerrar un poco más la boca. Un micrófono, con cable sin cable con alcachofa, sin ella , de mano, de petaca de pie o de boca Madonna, es un micrófono, y siempre hay alguien al otro lado. Siempre. Por mucho que nos empeñemos en verlo apagado. Y es la lección número una que el Señor Rajoy debería tener aprendida… Por muy coñazo que sea el aplicarla en la vida real.
Y por último, para que quede en el recuerdo: Hoy él logró dormir con quien ayer le quitaba el sueño. Será cuestión de proponérselo, sin mirar demasiado hacia atrás....
Gran parte del éxito de los psicólogos está en tener la llave para encontrar estos mundos tan reales y abandonados mucho antes que nosotros. Su habilidad radica en utilizar un potente escavador mental que deja la tuneladora de Gallardón por los suelos –nunca mejor dicho ahora que la calle Serrano se va a hacer a mano- y casi siempre acompañada de lágrimas aparece esa historia que juramos habíamos matado sin posibilidad de resurrección.
Meterse en el pasado, escarbar, huir de un presente poco alentador buscando causas que justifiquen situaciones desagradables, eternas réplicas de lo que vivimos y que jamás podrán repetirse por mucho que nos empeñemos. Una serie de promesas que nunca se hacen realidad, fruto de otros tiempos, de otros sentimientos más puros y muy difíciles de igualar.
Y hablando del pasado y de los sueños, dos recomendaciones y un apunte. La primera recomendación, la magnífica exposición en Madrid de Gyenes y Ramblas, retratistas – con cámara – de una sociedad del pasado que permanece en el presente como si fueran impávidos ante tu mirada. La segunda , un espectáculo que nos traslada a los sueños, y del que todavía puedes comprar entradas. Se trata de Dreams2, un viaje hacia la luz, el sonido, el agua y el baile, con producción cien por cien nacional . Sólo dos días para disfrutar de un espectáculo único que no te debes perder.
El apunte, en referencia al micrófono abierto al mundo. Si nos dejamos llevar por la lista de los españoles más influyentes de este año, el Sr. Rajoy está el número dos. Con este panorama, Mariano debería abrir un poco más los ojos y cerrar un poco más la boca. Un micrófono, con cable sin cable con alcachofa, sin ella , de mano, de petaca de pie o de boca Madonna, es un micrófono, y siempre hay alguien al otro lado. Siempre. Por mucho que nos empeñemos en verlo apagado. Y es la lección número una que el Señor Rajoy debería tener aprendida… Por muy coñazo que sea el aplicarla en la vida real.
Y por último, para que quede en el recuerdo: Hoy él logró dormir con quien ayer le quitaba el sueño. Será cuestión de proponérselo, sin mirar demasiado hacia atrás....
domingo, septiembre 21, 2008
Con la llegada del otoño

Parece mentira cómo me cambió la vida con la nueva casa. Esa sensación de estar en la cama y ver cómo la lluvia golpea con fuerza los cristales mientras me tapo me hace sonreír o al menos parecer que lo hago con una ligera mueca. Fíjate que absurdos detalles busco para encontrar una manera de levantarme antes y disfrutar de un domingo absolutamente apagado. Hoy el otoño hace su aparición estelar – sin sol y sin estrellas- tras la ventana; quizás sea un anticipo del regalo que lleva escondido y que tímidamente me deja entrever antes de que aparezca –esta vez levemente pero como por arte de magia- en mis mejillas.
El verano se ha ido ya. Por mucho que se empeñe San Miguel cuando acabe el mes, para mi ya todo huele a lluvia, a hoja caída, a melancolía y soledad. A pesar de la temperatura, a pesar de seguir saliendo a cenar sólo con un polo y un vaquero, y también a pesar de ese moreno tarifeño que ha desaparecido casi por completo.
La vuelta al cole está siendo dura, bastante más de lo que yo imaginaba. Creo que esto del trabajo lo he convertido en una obsesión; todo me molesta, me irrita profundamente como si se me fuera la vida en ello. Y no lo debo pagar así. Jamás debería traspasar ese límite que me obliga a ser completamente bipolar cuando llevo una corbata puesta. Creo que me piden que sea profesional, y lamentablemente eso me lleva a ser algo esquizofrénico. Pero me empiezo a cansar, me gustaría gritarles que cuando cruzo la puerta del garaje de la oficina un sentimiento extraño aparece en mi y se apodera de mi mente como un alien. Debe ser cuestión del tiempo. Pero esta lluvia no ayuda.
El verano se ha ido ya. Por mucho que se empeñe San Miguel cuando acabe el mes, para mi ya todo huele a lluvia, a hoja caída, a melancolía y soledad. A pesar de la temperatura, a pesar de seguir saliendo a cenar sólo con un polo y un vaquero, y también a pesar de ese moreno tarifeño que ha desaparecido casi por completo.
La vuelta al cole está siendo dura, bastante más de lo que yo imaginaba. Creo que esto del trabajo lo he convertido en una obsesión; todo me molesta, me irrita profundamente como si se me fuera la vida en ello. Y no lo debo pagar así. Jamás debería traspasar ese límite que me obliga a ser completamente bipolar cuando llevo una corbata puesta. Creo que me piden que sea profesional, y lamentablemente eso me lleva a ser algo esquizofrénico. Pero me empiezo a cansar, me gustaría gritarles que cuando cruzo la puerta del garaje de la oficina un sentimiento extraño aparece en mi y se apodera de mi mente como un alien. Debe ser cuestión del tiempo. Pero esta lluvia no ayuda.
sábado, septiembre 06, 2008
Similitudes, sinónimos, y parecidos

Bagasas, barraganas, meretrices, prostitutas, rameras, turras, zorras, zurronas, busconas, cortesanas, golfas, hetairas, milongas, milongueras o trolas…. Las putas forman la profesión más antigua de la humanidad. Y por lo que se puede deducir de los ingresos que genera -18.000 millones de euros anuales en ese nuestro país- debe de ser siendo un negocio rentable. Hoy puedo confesar que jamás he estado en un puticlub; voluntariamente, quiero decir. Y no me arrepiento de ello. Dicen que enganchan. Así que de momento, paso.
Una vez entré a comprar tabaco en lo que pudientemente se llamaba topless – no dejaba de ser un club de putas en toda regla- y casi me secuestran. Parece mentira cómo los vicios cobran más fuerza cuando están bajo el mismo techo. Otro de mis encuentros no buscados con las casas de lenocinio ocurrió ya hace algunos años. Para ir al cuarto de baño en una conocida terraza del Paseo de la Castellana tenías que cruzar un pasillo lleno de meretrices en búsqueda de guerra. Siempre me llamó la atención la pecera, donde una de ellas restregaba sus enormes – y comprados – pechos contra el cristal. Le debía doler pero ella compaginaba el mal paso con una abusiva cara de placer. Y me paré en mitad de ese pasillo para admirar la destreza hasta que noté como unas manos recorrían mi cuello con más deseos que los de acariciar mi incipiente cabellera. Ni de coña. Huí despavorido, como un elefante ante un ratón.
Ya aquí viene la similitud, el sinónimo y el parecido . Yo creo que poner los cuernos es como irse de putas. Y no es que todo aquel que va de putas ponga los cuernos, pero si que gran parte de este negocio tiene como consecuencia unas bonitas prominencias pocas veces deseadas, y que jamás se instalan en el pecador, sino en la parte contraria.
Y lo que es peor. Siempre se repite. No conozco a nadie que haya hecho una de las dos cosas sin haber repetido. Que digo yo que debe enganchar. Tendré que hacer más ejercicio para vencer esta ansiedad.. Me voy a correr. A ver si se me pasa la vena lingüística esta no sea que termine enviciándome. No debe ser bueno.
domingo, agosto 31, 2008
A la tercera va la vencida.

“Toc toc” (puerta de mi casa, recién llegado de vacaciones un día de agosto)
- ¿quién es?
- Soy yo, la soledad
- ¿otra vez? ¡Pero si has venido tres veces en los últimos dos meses!
- Ya pero esta vez te traigo un regalo que nunca te había dado antes…
- ¿un regalo? ¡ qué ilusión ¡ ¿y qué es?
- Unos bonitos cuernos… seguro que te quedan estupendamente…
- Vaya, con una sorpresa así te dejo que pases y entres para quedarte un ratito. Aquí, a mi lado. No te muevas. Así.
- ¿quién es?
- Soy yo, la soledad
- ¿otra vez? ¡Pero si has venido tres veces en los últimos dos meses!
- Ya pero esta vez te traigo un regalo que nunca te había dado antes…
- ¿un regalo? ¡ qué ilusión ¡ ¿y qué es?
- Unos bonitos cuernos… seguro que te quedan estupendamente…
- Vaya, con una sorpresa así te dejo que pases y entres para quedarte un ratito. Aquí, a mi lado. No te muevas. Así.
