jueves, abril 28, 2005
Enamorarse del amor
Si, has leído bien. Algo por lo que seguramente tú has pasado. Algo que no esperas, que viene porque sí, sin comerlo ni beberlo. Miedo a una soledad fingida. Yo también lo pasé. Pero supe reaccionar a tiempo. ¿Tiempo perdido o ganado?
Conocerse siempre es difícil. La gente opina que es el tiempo más preciado, el más deseado, pero no estoy de acuerdo. Todo es maravilloso al principio. Todo son mariposas en el estómago, ganas de comer o de morir de hambre, falta de sueño, sudores y aceleraciones de corazón. Llamadas esperadas que siempre llegan, momentos que sacados fuera de contexto nos parecerían irrisorios, roces que nos producen vibraciones dignas de San Vito. Pero, ¿hemos abierto bien los ojos? ¿sentimos o soñamos con sentir?
En esta etapa sólo vemos una parte de la balanza la positiva, como si por un momento nos hicieran tuertos ante la persona que tenemos delante. La ansiedad por tener una relación estable ahoga nuestra visión y nuestros sentimientos. Con el tiempo, aparecen los errores, los detalles omitidos, y vamos recuperando la visión. Esto es común a cualquier relación, pero quiero centrarme hoy en aquellas historias que todos hemos vivido donde damos prioridad a una soledad que nos agobia frente a un deseo para mantener una vida en común, una entrega total de nuestro cuerpo frente a lo que realmente importa, que es la entrega del alma. Siempre he dicho que el fracaso en las parejas está en el egoísmo de pensar individualmente (sea con tu mente o con la mente del otro o de la otra). Hay que hacerlo uniendo los deseos de los dos. Jamás deberían perderse los valores propios, sino unir ambos (virtudes y defectos), y que de esa mezcla explosiva pueda nacer (y mantenerse) una felicidad mutua. Cada paso. Cada decisión.
Me gustaría indagar contigo por qué nos ocurre esto.
Tengo un caso muy cercano y que me preocupa. Es un caso clarísimo. La ceguera ya ha aparecido en esta persona – ni siquiera ha pasado por quedarse tuert@. Se niega en banda a asumir una realidad que vista desde cualquier punto aparece con una pura claridad… de fracaso. Y todo tiene origen en un miedo pavoroso a la soledad que produce no estar con alguien. Es el deseo de levantarte cada mañana y tener el lado izquierdo (o el derecho) de la cama ocupado. Alguien a quien tan solo poder dar un beso y desear los buenos días. Como dice la canción, si no existieras tú, sería capaz de crearte… pues nos pasa. Luego tenemos ausencia de creatividad para otras cosas, pero para eso, ni Dalí nos hubiera ganado. Abre los ojos.
Todo llega. Estoy seguro que mi media naranja, igual que la suya, existe; tan sólo hay que esperar algo más, ya que es posible que se esté exprimiendo en algún otro lado… y haya que tener paciencia para recuperar de nuevo el jugo…Pero mientras tanto, intentemos divertirnos, disfrutar de todo aquello que podamos por el simple hecho de no estar en pareja (y no hablo solo de sexo, sino de muchas mas cosas), y sobre todo, si nos sentimos tremendamente solos, buscar el apoyo de nuestros amigos, que aun no dándonos todo aquello que una pareja puede darnos, nos hacen ver que la soledad, igual que el amor imaginario, es voluntaria, no deseada ni obligatoria.
Mientras tanto, huye de quedarte en casa o quédate. Baila o siéntate. Ríe o llora. Siente o duerme. Habla o calla. Espera y no reniegues a la felicidad que tan gratuitamente se te ofrece. Pero recuerda que a la vuelta de la esquina puede estar. Y un día, casi sin darte cuenta, verás y SENTIRAS que el lado opuesto de la cama está ocupado.
No hará falta enamorarte del amor, porque estará ya a tu lado.
Conocerse siempre es difícil. La gente opina que es el tiempo más preciado, el más deseado, pero no estoy de acuerdo. Todo es maravilloso al principio. Todo son mariposas en el estómago, ganas de comer o de morir de hambre, falta de sueño, sudores y aceleraciones de corazón. Llamadas esperadas que siempre llegan, momentos que sacados fuera de contexto nos parecerían irrisorios, roces que nos producen vibraciones dignas de San Vito. Pero, ¿hemos abierto bien los ojos? ¿sentimos o soñamos con sentir?
En esta etapa sólo vemos una parte de la balanza la positiva, como si por un momento nos hicieran tuertos ante la persona que tenemos delante. La ansiedad por tener una relación estable ahoga nuestra visión y nuestros sentimientos. Con el tiempo, aparecen los errores, los detalles omitidos, y vamos recuperando la visión. Esto es común a cualquier relación, pero quiero centrarme hoy en aquellas historias que todos hemos vivido donde damos prioridad a una soledad que nos agobia frente a un deseo para mantener una vida en común, una entrega total de nuestro cuerpo frente a lo que realmente importa, que es la entrega del alma. Siempre he dicho que el fracaso en las parejas está en el egoísmo de pensar individualmente (sea con tu mente o con la mente del otro o de la otra). Hay que hacerlo uniendo los deseos de los dos. Jamás deberían perderse los valores propios, sino unir ambos (virtudes y defectos), y que de esa mezcla explosiva pueda nacer (y mantenerse) una felicidad mutua. Cada paso. Cada decisión.
Me gustaría indagar contigo por qué nos ocurre esto.
Tengo un caso muy cercano y que me preocupa. Es un caso clarísimo. La ceguera ya ha aparecido en esta persona – ni siquiera ha pasado por quedarse tuert@. Se niega en banda a asumir una realidad que vista desde cualquier punto aparece con una pura claridad… de fracaso. Y todo tiene origen en un miedo pavoroso a la soledad que produce no estar con alguien. Es el deseo de levantarte cada mañana y tener el lado izquierdo (o el derecho) de la cama ocupado. Alguien a quien tan solo poder dar un beso y desear los buenos días. Como dice la canción, si no existieras tú, sería capaz de crearte… pues nos pasa. Luego tenemos ausencia de creatividad para otras cosas, pero para eso, ni Dalí nos hubiera ganado. Abre los ojos.
Todo llega. Estoy seguro que mi media naranja, igual que la suya, existe; tan sólo hay que esperar algo más, ya que es posible que se esté exprimiendo en algún otro lado… y haya que tener paciencia para recuperar de nuevo el jugo…Pero mientras tanto, intentemos divertirnos, disfrutar de todo aquello que podamos por el simple hecho de no estar en pareja (y no hablo solo de sexo, sino de muchas mas cosas), y sobre todo, si nos sentimos tremendamente solos, buscar el apoyo de nuestros amigos, que aun no dándonos todo aquello que una pareja puede darnos, nos hacen ver que la soledad, igual que el amor imaginario, es voluntaria, no deseada ni obligatoria.
Mientras tanto, huye de quedarte en casa o quédate. Baila o siéntate. Ríe o llora. Siente o duerme. Habla o calla. Espera y no reniegues a la felicidad que tan gratuitamente se te ofrece. Pero recuerda que a la vuelta de la esquina puede estar. Y un día, casi sin darte cuenta, verás y SENTIRAS que el lado opuesto de la cama está ocupado.
No hará falta enamorarte del amor, porque estará ya a tu lado.
martes, abril 26, 2005
Próximo destino: Burgos
Cada día. Ida y vuelta. Burgos cada vez más cerca. O Cuenca, O Avila. He recordado Burgos, porque de pequeños ibamos a San Sebastián todos los veranos, y el Landa era una parada casi obligatoria. Por tanto era fácil recordar cuánto faltaba para la chapata de jamón desde que abandonábamos el ruidoso centro de Madrid....
Seis y media. Suena el despertador. Esto ocurre pocos días, porque cada vez duermo peor, y cuando el zumbido va a aperecer en la silenciosa penumbra de la habitación me enfrento a él, como queriendo ganar la primera batalla del día. Y la suelo ganar con creces. Cuando quiero dormir no duermo, y cuando tengo todo el tiempo del mundo para soñar, los ojos se abren como queriendo vencer a unas pesadillas que luchan por aparecer con ansia de invadir mi mente.
Llegó el momento. Preparar el camino. Aquí no existe el concepto inglés tan extendido de los commuters que comparten coche, gastos y conversación del camino de casa al trabajo. Entre otras cosas, porque en este país cada vez menos gente trabaja de nueve a cinco sino de ocho hasta que el cuerpo aguante. Pero eso será tema de coloquio (me encantan vuestros comentarios) otro día. Pues eso, que vas viendo a todos los españolitos dentro de cada uno de sus coches en la más auténtica soledad, con diferentes estados de ánimo que reflejan en sus rostros. Digo rostros con intención, porque las caras no empiezan a ser caras hasta ya bien entrada la mañana.
Trabajo en un pueblo a 30 Kilómetros de Madrid. Más que un pueblo, diría yo que es una verdadera ciudad dormitorio, porque no existe ese espíritu de convivencia que puedes encontrar en cualquier recodo de la geografía española aunque con el mundo globalizado cada vez se hace más complicado visualizar remansos de ese tipo. Se está poniendo de moda. (me encanta usar la expresión ponerse de moda en referencia a un caso puro y duro de ahorro de inversión, porque el centro de Madrid es ya inalcanzable en términos de arrendamiento - no digamos de compra- de oficinas...).
Las alternativas para llegar desde un punto A a un punto B son siempre varias, sabiendo previamente que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. Lo de la línea recta, a no ser que hoy me entere que me apellido quinto es Rothschild y que dispongo de un helicóptero habilitado en la azotea de casa (últimamente con lo despistado que estoy no me extrañaría), lo veo bastante imposible. Lo difícil viene cuando para pasar de A a B tienes alternativas como C, o D, o Z, y que sea materialmente imposible saber cual es la mejor. Porque estoy empezando a creer en los duendes de los atascos, duendes que pretenden cada día hacerme compañía de forma "onerosamente gratuita". Porque aunque es gratis, existe como contraprestación el que les ofrezca, a un mismo coste cero, un cabreo progresivo que comienza a primera hora de la mañana y acaba a ultima de la tarde.
El actor Dani de Vito (al que no puedo soportar, ya te contaré alguna vez películas que no voy a ver por determinados actores o actrices a l@s que el simple hecho de que aparezcan en pantalla hacen caer por los suelos la balanza de la película), comentó una vez que visitar la capital española le parecía una experiencia muy bonita, pero que esperaba que encontraran pronto el tesoro.
Mi record fue este año con el día de la gran nevada, donde para un recorrido de 30 kilómetros tardé una dos horas cincuenta minutos (con lo que me gustaría conocer con tiempo Vitoria). Pero la media está en una hora de ida (a las siete y media de la mañana), y una hora de vuelta. Esto supone en cómputo total una película de cine, la mitad de un libro de bolsillo, o 4 historias de amor apasionadas (que según B se acercan peligrosamente a la ausencia de una realidad deseada).
Una vez me contaron que en Tokio existe una autopista con un carril que va del centro de la ciudad al aeropuerto que es una fast line. Este carril solo debe cogerse por aquéllas personas/vehículos que tengan una especial prisa en llegar al aeropuerto, y normalmente está vacío (independientemente de cómo estén el resto de los carriles). Yo no suelo tener prisa, pero mis niveles de colesterolemia se quejan bastante de la no existencia de esas facilidades, de la ausencia de guardias ( a veces la presencia) en atascos morrocutodos, o de las obras que permanecen en el tiempo con el objetivo de encontrar en Madrid la tumba de Tutankamon. Y eso que nuestro alcalde me parece un tio inteligente, sobre todo en aquello que le interesa.
Coger en la Castellana uno de estos atascos suele ser divertido. Me pongo en el carril central, y trato de contar las caras de cabreo de los que van en sentido contrario con el mismo tráfico o más... Algunas de estas imágenes son de portada del Abc con titular " El verano llega a las calles madrileñas " (desde que Ansón no está echo de menos estas portadas tan políticamente instructivas).
Nuestro próximo domingo tendremos como destino Burgos: comemos Revuelto de Morcilla en Landa o en Ojeda, y nos volvemos por la fast line de nuestra imaginación.
Menuda vuelta.
Seis y media. Suena el despertador. Esto ocurre pocos días, porque cada vez duermo peor, y cuando el zumbido va a aperecer en la silenciosa penumbra de la habitación me enfrento a él, como queriendo ganar la primera batalla del día. Y la suelo ganar con creces. Cuando quiero dormir no duermo, y cuando tengo todo el tiempo del mundo para soñar, los ojos se abren como queriendo vencer a unas pesadillas que luchan por aparecer con ansia de invadir mi mente.
Llegó el momento. Preparar el camino. Aquí no existe el concepto inglés tan extendido de los commuters que comparten coche, gastos y conversación del camino de casa al trabajo. Entre otras cosas, porque en este país cada vez menos gente trabaja de nueve a cinco sino de ocho hasta que el cuerpo aguante. Pero eso será tema de coloquio (me encantan vuestros comentarios) otro día. Pues eso, que vas viendo a todos los españolitos dentro de cada uno de sus coches en la más auténtica soledad, con diferentes estados de ánimo que reflejan en sus rostros. Digo rostros con intención, porque las caras no empiezan a ser caras hasta ya bien entrada la mañana.
Trabajo en un pueblo a 30 Kilómetros de Madrid. Más que un pueblo, diría yo que es una verdadera ciudad dormitorio, porque no existe ese espíritu de convivencia que puedes encontrar en cualquier recodo de la geografía española aunque con el mundo globalizado cada vez se hace más complicado visualizar remansos de ese tipo. Se está poniendo de moda. (me encanta usar la expresión ponerse de moda en referencia a un caso puro y duro de ahorro de inversión, porque el centro de Madrid es ya inalcanzable en términos de arrendamiento - no digamos de compra- de oficinas...).
Las alternativas para llegar desde un punto A a un punto B son siempre varias, sabiendo previamente que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. Lo de la línea recta, a no ser que hoy me entere que me apellido quinto es Rothschild y que dispongo de un helicóptero habilitado en la azotea de casa (últimamente con lo despistado que estoy no me extrañaría), lo veo bastante imposible. Lo difícil viene cuando para pasar de A a B tienes alternativas como C, o D, o Z, y que sea materialmente imposible saber cual es la mejor. Porque estoy empezando a creer en los duendes de los atascos, duendes que pretenden cada día hacerme compañía de forma "onerosamente gratuita". Porque aunque es gratis, existe como contraprestación el que les ofrezca, a un mismo coste cero, un cabreo progresivo que comienza a primera hora de la mañana y acaba a ultima de la tarde.
El actor Dani de Vito (al que no puedo soportar, ya te contaré alguna vez películas que no voy a ver por determinados actores o actrices a l@s que el simple hecho de que aparezcan en pantalla hacen caer por los suelos la balanza de la película), comentó una vez que visitar la capital española le parecía una experiencia muy bonita, pero que esperaba que encontraran pronto el tesoro.
Mi record fue este año con el día de la gran nevada, donde para un recorrido de 30 kilómetros tardé una dos horas cincuenta minutos (con lo que me gustaría conocer con tiempo Vitoria). Pero la media está en una hora de ida (a las siete y media de la mañana), y una hora de vuelta. Esto supone en cómputo total una película de cine, la mitad de un libro de bolsillo, o 4 historias de amor apasionadas (que según B se acercan peligrosamente a la ausencia de una realidad deseada).
Una vez me contaron que en Tokio existe una autopista con un carril que va del centro de la ciudad al aeropuerto que es una fast line. Este carril solo debe cogerse por aquéllas personas/vehículos que tengan una especial prisa en llegar al aeropuerto, y normalmente está vacío (independientemente de cómo estén el resto de los carriles). Yo no suelo tener prisa, pero mis niveles de colesterolemia se quejan bastante de la no existencia de esas facilidades, de la ausencia de guardias ( a veces la presencia) en atascos morrocutodos, o de las obras que permanecen en el tiempo con el objetivo de encontrar en Madrid la tumba de Tutankamon. Y eso que nuestro alcalde me parece un tio inteligente, sobre todo en aquello que le interesa.
Coger en la Castellana uno de estos atascos suele ser divertido. Me pongo en el carril central, y trato de contar las caras de cabreo de los que van en sentido contrario con el mismo tráfico o más... Algunas de estas imágenes son de portada del Abc con titular " El verano llega a las calles madrileñas " (desde que Ansón no está echo de menos estas portadas tan políticamente instructivas).
Nuestro próximo domingo tendremos como destino Burgos: comemos Revuelto de Morcilla en Landa o en Ojeda, y nos volvemos por la fast line de nuestra imaginación.
Menuda vuelta.
domingo, abril 24, 2005
Sobrevivir o permanecer en la oscuridad
Otra vez me ha pasado. Son etapas que vas cumpliendo en tu vida, como si fuera un examen que empiezas y que parece que no tiene fin, porque hagas lo que hagas, tienes un suspenso como recompensa...me refiero al los reencuentros con l@s ex después de un tiempo prudencial, y tras haber dejado tu la relación...
Me llevo bien con casi todas mis ex parejas. Cuando hablo de pareja, quiero decir persona con la que has compartido tu vida al menos un año. Y compartir, en el sentido más amplio de la palabra. Soy de los que opina que no merece la pena tirar al suelo de un plumazo tantos momentos, tantas confesiones y miradas cómplices, tanto tiempo dedicado a conocer al otro. Por un momento puedes pensar que dejando la relación no solo arrojas a la acera más sucia todo lo vivido, sino que construyes un muro de Berlín imaginario dificil de derribar, por mucha perestroika -alemana-. (Por cierto, que C, G, y M, están en Berlín y están encantados, parece mentira que yo solo conozca el aeropuerto...). Dicho muro es necesario. Por un tiempo prudencial, que varía según la intensidad de las personas que forman la pareja.
Más de una vez me ha pasado, que por saltar la pared imaginaria antes de tiempo, vuelves a caer en unas redes que lógicamente no han desaparecido (o si) , con formato sexual, o simplemente de ansiendad de hacer desaparecer una soledad fingida. Por eso el tiempo es importante, y ambos dos deben estar preparados para saltarlo al mismo tiempo, y si es posible (dado que la estadística demuestra que dos personas saltando un muro con sentidos opuestos dificilmente se encuentran), derribarlo para siempre.
No hay nada como la amistad, y después de todos los muros construídos y derruídos, es lo único que realmente queda. Una vez cometí el terrible error de romper con todos mis amigos por una persona celosa y posesiva (por cierto que con esta persona creo que es la única donde el Muro de Berlín sigue existiendo - JC), y no encuentro el tiempo para olvidar tan tremendo error. Los amigos están ahí siempre, pase lo que pase, aunque te hayas propuesto ser el albañil con más índice de productividad del planeta.
El viernes me encontré con mi ex después de haber dejado la relación en Diciembre. Ni siquiera habíamos hablado desde entonces, tan solo algunos mails cruzados. Y tenía miedo, pavor diría yo. Lo disimulo bien. La procesión se lleva por dentro, pero menuda procesión... Todo fue bien. Normalmente te resientes a sentir de nuevo mariposas en el estómago, como un reconocimiento explícito de haber hecho algo que realmente no deseabas. Pero lo único que tenía al verle era hambre, y no porque estuviera allí, sino porque llevaba todo el día sin probar bocado.. Suena frío, pero fue así. Luego me quedé con el mismo hambre, por situaciones lógicas en una mesa de 10 personas (¿a quien se le ocurre más que a mi?). Por cierto que Hakassan de la Moraleja está perdiendo calidad... confiemos en que la terraza traiga de nuevo la calidad a la que estábamos acostumbrados.
Con el vino, y sin que nadie se diera cuenta, (bueno, K parece tener un sexto sentido que me da miedo, y G nota mis cambios de humor antes de que aparezcan), de repente hice un volcado de memoria triste y alegre a la vez que me hice poner los pies en el suelo para confirmar que la decisión tomada era la correcta. Pero con el volcado llegó también el deseo de la no pérdida de la persona que tenía delante. Con otro formato, con otro tipo de vida, pero quería que siguiera ahí, mirándome de vez en cuando, y comprendiendo mejor que nadie mi lenguaje facial que es a veces igual de expresivo que de incomprensible.
No sé como fueron sus mariposas. Algún día me lo contará, espero. Creo que le voy a ver a más a menudo, porque vive lejos de Madrid, pero una buena amistad ha decidido dar un volcado a su vida para irse a vivir cerca de J. (qué envidia me das P, pero se que vas a ser feliz). Que así sea. Tanto tiempo compartido no puede tirarse al suelo ni en Madrid, ni donde se venden toallas bordadas a buen precio.
Sobreviví. Pero hoy he preferido permanecer en la oscuridad. La migraña ha vuelto a aparecer...
Me llevo bien con casi todas mis ex parejas. Cuando hablo de pareja, quiero decir persona con la que has compartido tu vida al menos un año. Y compartir, en el sentido más amplio de la palabra. Soy de los que opina que no merece la pena tirar al suelo de un plumazo tantos momentos, tantas confesiones y miradas cómplices, tanto tiempo dedicado a conocer al otro. Por un momento puedes pensar que dejando la relación no solo arrojas a la acera más sucia todo lo vivido, sino que construyes un muro de Berlín imaginario dificil de derribar, por mucha perestroika -alemana-. (Por cierto, que C, G, y M, están en Berlín y están encantados, parece mentira que yo solo conozca el aeropuerto...). Dicho muro es necesario. Por un tiempo prudencial, que varía según la intensidad de las personas que forman la pareja.
Más de una vez me ha pasado, que por saltar la pared imaginaria antes de tiempo, vuelves a caer en unas redes que lógicamente no han desaparecido (o si) , con formato sexual, o simplemente de ansiendad de hacer desaparecer una soledad fingida. Por eso el tiempo es importante, y ambos dos deben estar preparados para saltarlo al mismo tiempo, y si es posible (dado que la estadística demuestra que dos personas saltando un muro con sentidos opuestos dificilmente se encuentran), derribarlo para siempre.
No hay nada como la amistad, y después de todos los muros construídos y derruídos, es lo único que realmente queda. Una vez cometí el terrible error de romper con todos mis amigos por una persona celosa y posesiva (por cierto que con esta persona creo que es la única donde el Muro de Berlín sigue existiendo - JC), y no encuentro el tiempo para olvidar tan tremendo error. Los amigos están ahí siempre, pase lo que pase, aunque te hayas propuesto ser el albañil con más índice de productividad del planeta.
El viernes me encontré con mi ex después de haber dejado la relación en Diciembre. Ni siquiera habíamos hablado desde entonces, tan solo algunos mails cruzados. Y tenía miedo, pavor diría yo. Lo disimulo bien. La procesión se lleva por dentro, pero menuda procesión... Todo fue bien. Normalmente te resientes a sentir de nuevo mariposas en el estómago, como un reconocimiento explícito de haber hecho algo que realmente no deseabas. Pero lo único que tenía al verle era hambre, y no porque estuviera allí, sino porque llevaba todo el día sin probar bocado.. Suena frío, pero fue así. Luego me quedé con el mismo hambre, por situaciones lógicas en una mesa de 10 personas (¿a quien se le ocurre más que a mi?). Por cierto que Hakassan de la Moraleja está perdiendo calidad... confiemos en que la terraza traiga de nuevo la calidad a la que estábamos acostumbrados.
Con el vino, y sin que nadie se diera cuenta, (bueno, K parece tener un sexto sentido que me da miedo, y G nota mis cambios de humor antes de que aparezcan), de repente hice un volcado de memoria triste y alegre a la vez que me hice poner los pies en el suelo para confirmar que la decisión tomada era la correcta. Pero con el volcado llegó también el deseo de la no pérdida de la persona que tenía delante. Con otro formato, con otro tipo de vida, pero quería que siguiera ahí, mirándome de vez en cuando, y comprendiendo mejor que nadie mi lenguaje facial que es a veces igual de expresivo que de incomprensible.
No sé como fueron sus mariposas. Algún día me lo contará, espero. Creo que le voy a ver a más a menudo, porque vive lejos de Madrid, pero una buena amistad ha decidido dar un volcado a su vida para irse a vivir cerca de J. (qué envidia me das P, pero se que vas a ser feliz). Que así sea. Tanto tiempo compartido no puede tirarse al suelo ni en Madrid, ni donde se venden toallas bordadas a buen precio.
Sobreviví. Pero hoy he preferido permanecer en la oscuridad. La migraña ha vuelto a aparecer...
sábado, abril 23, 2005
A las ocho en los Jerónimos
Cuántas frases que hacía tiempo que no escuchaba. Podría haber sido esa o esta misma: "a la una en carmelitas, y luego aperitivo en mallorca" (esto me lo decía B hace ya 18 años después de llegar a casa un sábado a las 10 y media de la noche). Otros tiempos. Otra forma de pensar y de vivir. Porque ¿a qué ibamos a misa? ¿para qué nos valía?
Desde siempre fui educado en un entorno católico. No llegábamos a rezar antes de la comida, pero creo que era más una cuestión de supervivencia (por el número de personas que nos sentábamos a la mesa) que de religión. Colegio católico, universidad católica, y familia católica. Si, lo sé, estarás pensando, Opus, y yo te diré no, pero casi peor...
Bautizo, Primera confesión (y última, los curas aprovechaban para soltar las manos al modo gacheto brazo hasta límites insuperables), confirmación en Jesuítas (donde pegaban leches de las de verdad recordadando al obispo de Roma...), y ya. Ya no mas. No se si me darán la absolución el día que me muera, pero por mi, creo que se la pueden ahorrar... a donde tenga que ir allí iré.
Curas, monjas obispos y demás. Cuanta gente buena, y cuanto egoísta y aprovechado. Dicen que estar con Dios es el sentimiento más pletórico y no he conocido a gente más sola en mi vida. Bueno, al menos "en su soledad", que es diferente a la nuestra. Se de sobra que su objetivo es hacer el bien, y lo hacen... pero a veces, y no todos.
No pido más. Creo que hacer bien en instaurar una ética humana que creo que no ha cambiado en siglos, porque todo el mundo sabe lo que es bueno y lo que no, al menos en la cultura de religión católica. Pero que callen sobre el resto. No quiero que me hablen más sobre el condón, las parejas gays, y el adulterio (bueno de esto mejor no quiero oir hablar ni a ellos ni a nadie, que bastante tengo ya con estar solo como para que encima me lo recuerden con formato "qué bien se lo están pasando otros"). No pueden ni deben opinar. Se está muriendo gente por su doctrina, a veces una muerte física, otra más irracional y peligrosa, que es la muerte moral. El saber que estás haciendo algo prohibido pero, ¿Para quien? ¿a quien hacemos daño?
Nuestro querido nuevo Papa Ratzinger, al que tenemos que dar una oportunidad, como en su momento había que dársela a ZP (ya vemos por el camino que va) , no ha hecho nada de momento más que condenar el matrimonio gay en España. Que se calle y haga el bien, como lo intentamos hacer todos cada día sin ser cabeza de la iglesia católica.
Y al resto, gracias por dar alientos de esperanza por el mundo caótico, porque haberlos, hailos. Y que sigan muchos años... que hacen falta.
A las ocho en los Jerónimos, que creo que se liga una barbaridad (y que Dios me perdone).
Desde siempre fui educado en un entorno católico. No llegábamos a rezar antes de la comida, pero creo que era más una cuestión de supervivencia (por el número de personas que nos sentábamos a la mesa) que de religión. Colegio católico, universidad católica, y familia católica. Si, lo sé, estarás pensando, Opus, y yo te diré no, pero casi peor...
Bautizo, Primera confesión (y última, los curas aprovechaban para soltar las manos al modo gacheto brazo hasta límites insuperables), confirmación en Jesuítas (donde pegaban leches de las de verdad recordadando al obispo de Roma...), y ya. Ya no mas. No se si me darán la absolución el día que me muera, pero por mi, creo que se la pueden ahorrar... a donde tenga que ir allí iré.
Curas, monjas obispos y demás. Cuanta gente buena, y cuanto egoísta y aprovechado. Dicen que estar con Dios es el sentimiento más pletórico y no he conocido a gente más sola en mi vida. Bueno, al menos "en su soledad", que es diferente a la nuestra. Se de sobra que su objetivo es hacer el bien, y lo hacen... pero a veces, y no todos.
No pido más. Creo que hacer bien en instaurar una ética humana que creo que no ha cambiado en siglos, porque todo el mundo sabe lo que es bueno y lo que no, al menos en la cultura de religión católica. Pero que callen sobre el resto. No quiero que me hablen más sobre el condón, las parejas gays, y el adulterio (bueno de esto mejor no quiero oir hablar ni a ellos ni a nadie, que bastante tengo ya con estar solo como para que encima me lo recuerden con formato "qué bien se lo están pasando otros"). No pueden ni deben opinar. Se está muriendo gente por su doctrina, a veces una muerte física, otra más irracional y peligrosa, que es la muerte moral. El saber que estás haciendo algo prohibido pero, ¿Para quien? ¿a quien hacemos daño?
Nuestro querido nuevo Papa Ratzinger, al que tenemos que dar una oportunidad, como en su momento había que dársela a ZP (ya vemos por el camino que va) , no ha hecho nada de momento más que condenar el matrimonio gay en España. Que se calle y haga el bien, como lo intentamos hacer todos cada día sin ser cabeza de la iglesia católica.
Y al resto, gracias por dar alientos de esperanza por el mundo caótico, porque haberlos, hailos. Y que sigan muchos años... que hacen falta.
A las ocho en los Jerónimos, que creo que se liga una barbaridad (y que Dios me perdone).
miércoles, abril 20, 2005
Mándame un telegrama
Cuando era más pequeño, (sigo siendo pequeño en muchas cosas), vivía con una gran familia. Somos diez hermanos, por lo que te puedes imaginar lo que era compartir casa con una media de 14 personas.
Mi padre, como buen capitán del barco que jamás dejaba irse a pique, llamaba siempre cinco minutos antes de llegar a casa desde el coche (tenía un teléfono de esos oficiales donde había que llamar a través de operadora).Su llamada era solo para avisarnos (a quien cogía el teléfono, fuera quien fuera) de su inmediata presencia. Este "aviso" producía una serie de cambios ambientales y posturales (por ejemplo, no podíamos tumbarnos en los sillones), pero sobre todo servía para ponernos firmes ante su inmediata llegada, porque con una familia tan grande a veces era necesario implantar normas dignas de un cuartel (de los antiguos, no de los de ahora...). Otro día te hablaré de la gran familia (donde hay de todo como en botica), pero hoy quiero centrarme en las telecomunicaciones, que, cosas de la vida, es el sector donde ahora trabajo.
La casa, que era muy grande para la época, y hoy sería casi un palacio (en comparación con las casas de la ministra que por cierto, nació en un pueblecito de Badajoz -me gustaría conocer su casa natal- :http://www.la-moncloa.es/web/gob03n.htm), tenía como ocho teléfonos de rosca, y había uno, que yo recuerde, en la habitación de mi abuela, que tenía teclas y que era intocable para el resto de los mortales...Aunque teníamos la suerte de tener dos líneas de teléfono, que para la época era todo un lujo, la comunicación a través del aparato de rosca amarilla era más que ocasional.
Pues bien, después de las facturas interminables que llegaban y eran inmediatamente publicadas en el tablón de anuncios (que estaba en mitad de un pasillo), el capitán de barco, mi padre, decidió comprar unos candados exclusivos que evitaban que la rosca famosa pudiera realizar simples movimientos rotatorios para ponerte en comunicación (deseada), con el resto del mundo. Lógicamente tuvimos que hacer copias "ilegales" de las llaves del acceso a la felicidad (o a la tristeza). Mi amiga G me ha dicho que ella hacía maravillas con una horquilla del pelo. Si G y yo nos hubiéramos conocido antes...
Siempre me gustó el teléfono, aunque nunca lo entendí. Ni siquiera ahora. Por pequeños impulsos eléctricos, tu voz viaja por cables enrevesados hasta que llega al oido del otro con un total realismo. Ayuda a comunicarnos, sin duda, y hoy en día nos sirve además de para eso, para estar desesperados...algunas veces. Como decía "el capitán", "El teléfono es solo para mensajes".... Esa frase era de las que más recuerdo de él, cuando era más pequeño.
El problema, el gran problema, venía cuando esperabas una llamada. Recuerdo esas repetitivas frases : ¡¡cuelga ya, que espero una llamada!!. Ni con dos líneas ni con veinte.... aquéllo de esperar una llamada era una misión casi imposible en mi casa. No existía ni contestador, ni llamada en espera, ni SMS, ni móvil, ni nada de nada... tan sólo el teléfono de rosca, siempre descolgado. ¿y qué pasaba cuando estaba - pocas veces- colgado, y esperabas una voz al otro lado que no llegaba? Pues eso, que te dedicabas como un auténtico imbécil a ver si por casualidad había línea (como si Telefónica cortara la línea todos los días) para volver a colgar con pleno cabreo porque estabas seguro que la línea comunicaba cuando más la necesitabas...
O ese tiempo fuera de casa, esos viajes interminables a comprar tabaco a ritmo de Carl Lewis, para volver con la eterna pregunta... ¿me ha llamado alguien?... la respuesta siempre era NO. No te daban más opción. Y recorrías la casa entera reiterando la preguntita, con la misma respuesta: NO
Hoy todo ha cambiado. El mundo de los móviles ha revolucionado nuestra forma de comunicarnos. Pero casi prefería la de antes. No te voy a explicar ahora (podrían ser 10 folios), sobre las maravillas que puedes hacer con un móvil hoy... te repito que trabajo en ello. Pero me gustaría contarte por qué creo que, desde el punto de vista de los sentimientos -sobre todo los no correspondidos- salimos perdiendo.
Hoy ya nadie comunica. No hace falta preguntar si te ha llamado alguien, porque tienes un buzón de voz. No pasa nada por irte a por tabaco a la conchichina, porque te guardas el móvil en el bolsillo y Santas Pascuas (en honor a mi querido Papa Benedicto XVI), en casa ya puedes conectarte a Internet y no comunicar, y además has conectado línea en espera y siete contestadores en línea...
Pero hay silencio. Y hasta eres capaz de llamar a la operadora para que una amable telefonista subcontratada te informe que no hay ningun problema de red. Hemos pasado de escuchar, "no te ha llamado nadie" a "no hay mensajes nuevos". Porque basta que esperes una llamada, para que no llegue. Y ni hablar de los mensajes. Cuantas meteduras de pata... cuántas esperas innecesarias.
Si quieres enamorarme, ya sabes lo que tienes que hacer para no desesperarme:
Mándame un telegrama.
Mi padre, como buen capitán del barco que jamás dejaba irse a pique, llamaba siempre cinco minutos antes de llegar a casa desde el coche (tenía un teléfono de esos oficiales donde había que llamar a través de operadora).Su llamada era solo para avisarnos (a quien cogía el teléfono, fuera quien fuera) de su inmediata presencia. Este "aviso" producía una serie de cambios ambientales y posturales (por ejemplo, no podíamos tumbarnos en los sillones), pero sobre todo servía para ponernos firmes ante su inmediata llegada, porque con una familia tan grande a veces era necesario implantar normas dignas de un cuartel (de los antiguos, no de los de ahora...). Otro día te hablaré de la gran familia (donde hay de todo como en botica), pero hoy quiero centrarme en las telecomunicaciones, que, cosas de la vida, es el sector donde ahora trabajo.
La casa, que era muy grande para la época, y hoy sería casi un palacio (en comparación con las casas de la ministra que por cierto, nació en un pueblecito de Badajoz -me gustaría conocer su casa natal- :http://www.la-moncloa.es/web/gob03n.htm), tenía como ocho teléfonos de rosca, y había uno, que yo recuerde, en la habitación de mi abuela, que tenía teclas y que era intocable para el resto de los mortales...Aunque teníamos la suerte de tener dos líneas de teléfono, que para la época era todo un lujo, la comunicación a través del aparato de rosca amarilla era más que ocasional.
Pues bien, después de las facturas interminables que llegaban y eran inmediatamente publicadas en el tablón de anuncios (que estaba en mitad de un pasillo), el capitán de barco, mi padre, decidió comprar unos candados exclusivos que evitaban que la rosca famosa pudiera realizar simples movimientos rotatorios para ponerte en comunicación (deseada), con el resto del mundo. Lógicamente tuvimos que hacer copias "ilegales" de las llaves del acceso a la felicidad (o a la tristeza). Mi amiga G me ha dicho que ella hacía maravillas con una horquilla del pelo. Si G y yo nos hubiéramos conocido antes...
Siempre me gustó el teléfono, aunque nunca lo entendí. Ni siquiera ahora. Por pequeños impulsos eléctricos, tu voz viaja por cables enrevesados hasta que llega al oido del otro con un total realismo. Ayuda a comunicarnos, sin duda, y hoy en día nos sirve además de para eso, para estar desesperados...algunas veces. Como decía "el capitán", "El teléfono es solo para mensajes".... Esa frase era de las que más recuerdo de él, cuando era más pequeño.
El problema, el gran problema, venía cuando esperabas una llamada. Recuerdo esas repetitivas frases : ¡¡cuelga ya, que espero una llamada!!. Ni con dos líneas ni con veinte.... aquéllo de esperar una llamada era una misión casi imposible en mi casa. No existía ni contestador, ni llamada en espera, ni SMS, ni móvil, ni nada de nada... tan sólo el teléfono de rosca, siempre descolgado. ¿y qué pasaba cuando estaba - pocas veces- colgado, y esperabas una voz al otro lado que no llegaba? Pues eso, que te dedicabas como un auténtico imbécil a ver si por casualidad había línea (como si Telefónica cortara la línea todos los días) para volver a colgar con pleno cabreo porque estabas seguro que la línea comunicaba cuando más la necesitabas...
O ese tiempo fuera de casa, esos viajes interminables a comprar tabaco a ritmo de Carl Lewis, para volver con la eterna pregunta... ¿me ha llamado alguien?... la respuesta siempre era NO. No te daban más opción. Y recorrías la casa entera reiterando la preguntita, con la misma respuesta: NO
Hoy todo ha cambiado. El mundo de los móviles ha revolucionado nuestra forma de comunicarnos. Pero casi prefería la de antes. No te voy a explicar ahora (podrían ser 10 folios), sobre las maravillas que puedes hacer con un móvil hoy... te repito que trabajo en ello. Pero me gustaría contarte por qué creo que, desde el punto de vista de los sentimientos -sobre todo los no correspondidos- salimos perdiendo.
Hoy ya nadie comunica. No hace falta preguntar si te ha llamado alguien, porque tienes un buzón de voz. No pasa nada por irte a por tabaco a la conchichina, porque te guardas el móvil en el bolsillo y Santas Pascuas (en honor a mi querido Papa Benedicto XVI), en casa ya puedes conectarte a Internet y no comunicar, y además has conectado línea en espera y siete contestadores en línea...
Pero hay silencio. Y hasta eres capaz de llamar a la operadora para que una amable telefonista subcontratada te informe que no hay ningun problema de red. Hemos pasado de escuchar, "no te ha llamado nadie" a "no hay mensajes nuevos". Porque basta que esperes una llamada, para que no llegue. Y ni hablar de los mensajes. Cuantas meteduras de pata... cuántas esperas innecesarias.
Si quieres enamorarme, ya sabes lo que tienes que hacer para no desesperarme:
Mándame un telegrama.
martes, abril 19, 2005
Se me olvidó que te olvidé
Te hablo de la película del domingo. Olvídate de mi (desconozco por qué las distribuidoras de cine se empeñan en buscar títulos en español que no se corresponden en absoluto con el título original en inglés). Sigo insistiendo en la ralladura del director. Para resumir, la película trata de una pareja que se compromete a olvidarse mutuamente mediante un método científico que anula en la mente todos los registros que les relacionan. Desde el primer beso hasta la última despedida. Mientras se va desarrollando el argumento, el espectador comprueba que a veces, por mucha ciencia empírica que intente demostrar lo contrario, no es posible borrar los recuerdos sobre alguien a quien en realidad no queremos olvidar.
La película es interesante si no fuera porque el director se recrea permanentemente en esa lucha permanente con nuestra mente para olvidar o no olvidar, borrar o dejar, sufrir o vivir. A base de flash backs recurrentes y viajes al futuro en escenas contiguas ( es difícil seguir el argumento sin descubrir si los protagonistas están en el presente, en el pasado o incluso en situaciones todavías no vividas), el actor principal (Jim Carrey) decide empezar una guerra histórica contra su mente, porque al fin y al cabo, teme olvidar aquello que le produce felicidad, aun con sufrimiento.
¿Quién me puede decir el secreto para olvidar? ¿realmente nuestra mente esta capacitada para poder borrar de un plumazo aquello que nos hace sufrir por el mero hecho de saber que hemos pasado por ello? A mi me ocurre, no se si te pasará a ti también, que algunas veces no solo quiero olvidar aquello que me hizo daño, sino también aquello con lo que he disfrutado. Esto me pasa porque hay determinadas situaciones en la vida que no producen la misma ilusión la primera vez que las disfrutas que las sucesivas ocasiones en las que se repite la misma escena. Me pasa a menudo, sobre todo con los viajes, y no me afecta tanto en otros temas, como cuando me enamoro. Y es que en el amor no logro aprender, tropezando repetidamente con las mismas piedras que parecen ser puestas por un duende al que sin duda aplicaría medidas dignas del Doctor Montes.
Ahora estoy terminando de perder una batalla como la del protagonista, y aunque me está costando, creo que al final la ciencia empírica en la que alguna vez habrá que creer -digo yo- , podrá conmigo. Hará que al menos cambie el registro mental para acostumbrarme a ver a alguien bajo la más pura y estricta lupa de la amistad. Lo que pudo ser y no fue. No le voy a dar más vueltas, porque terminaría igua de rallado que el director.
Olvidar o cambiar. Qué facil decirlo y qué difícil hacerlo.
Ojalá no tenga que cantar de nuevo lo que dice el bolero tan bien interpretado por Bebo y Cigala: Se me olvidó que te olvidé....
La película es interesante si no fuera porque el director se recrea permanentemente en esa lucha permanente con nuestra mente para olvidar o no olvidar, borrar o dejar, sufrir o vivir. A base de flash backs recurrentes y viajes al futuro en escenas contiguas ( es difícil seguir el argumento sin descubrir si los protagonistas están en el presente, en el pasado o incluso en situaciones todavías no vividas), el actor principal (Jim Carrey) decide empezar una guerra histórica contra su mente, porque al fin y al cabo, teme olvidar aquello que le produce felicidad, aun con sufrimiento.
¿Quién me puede decir el secreto para olvidar? ¿realmente nuestra mente esta capacitada para poder borrar de un plumazo aquello que nos hace sufrir por el mero hecho de saber que hemos pasado por ello? A mi me ocurre, no se si te pasará a ti también, que algunas veces no solo quiero olvidar aquello que me hizo daño, sino también aquello con lo que he disfrutado. Esto me pasa porque hay determinadas situaciones en la vida que no producen la misma ilusión la primera vez que las disfrutas que las sucesivas ocasiones en las que se repite la misma escena. Me pasa a menudo, sobre todo con los viajes, y no me afecta tanto en otros temas, como cuando me enamoro. Y es que en el amor no logro aprender, tropezando repetidamente con las mismas piedras que parecen ser puestas por un duende al que sin duda aplicaría medidas dignas del Doctor Montes.
Ahora estoy terminando de perder una batalla como la del protagonista, y aunque me está costando, creo que al final la ciencia empírica en la que alguna vez habrá que creer -digo yo- , podrá conmigo. Hará que al menos cambie el registro mental para acostumbrarme a ver a alguien bajo la más pura y estricta lupa de la amistad. Lo que pudo ser y no fue. No le voy a dar más vueltas, porque terminaría igua de rallado que el director.
Olvidar o cambiar. Qué facil decirlo y qué difícil hacerlo.
Ojalá no tenga que cantar de nuevo lo que dice el bolero tan bien interpretado por Bebo y Cigala: Se me olvidó que te olvidé....
lunes, abril 18, 2005
Workaholics: O cómo saber desconectar
Ayer me apetecía un cine. El es típico plan para un domingo, si es que se puede establecer un plan para cada día de la semana. Adoro las sorpresas, pero el cine casi siempre es exclusivo del domingo. La verdad es que no encontré nada que realmente me apeteciera ver, tan solo la historia de los últimos días de Hitler, pero es que en alemán, lo justo. Y es que trabajo en una empresa alemana, y aunque el idioma oficial de la compañía es el inglés, veo cada día en cada uno de los documentos que recibimos de nuestra casa matriz extrañas palabras en alemán que no me pasan desapercibidas. Y lo último que deseaba ayer era rememorar gratuitamente algo del trabajo. Se que suena simple, pero es así. Quizás sea que mi estado de ánimo no me permite saber diferenciar un simple lenguaje de un recuerdo que cada vez deseo eliminar más...porque no estoy a gusto donde estoy, y he de reconocerlo.
Cada viernes , pasa lo mismo. Llega la hora de comer, y empiezo a sentir un gusanillo - diferente al de tener hambre -, un gusanillo llamado weekend, que invita a hacer un lavado de mente casi permanente desde las 15 horas del viernes hasta las 08 de la mañana del lunes (aunque tal como está Madrid últimamente podrían ser las nueve, o incluso las diez). Pues llevo tres fines de semana que no hay forma. No desconecto. No limpio. Y no es porque no tenga nada que hacer, sino porque creo haber perdido la ilusión que tan importante es en cualquier proyecto. Y es que con ilusión, hasta tienes ganas de llegar a ese atasco que te lleva cada mañana a la oficina.
Bueno, pues me disponía ir al cine con K. y el sábado a las 2 de la mañana, después de que ella saliera de una cena de empresa para celebrar que acaban de ganar un contrato, me informó que al día siguiente trabajaba... ¡¡en domingo!!. Se lo respeto; anda que no he trabajado yo en fines de semana. Pero me surgen preguntas y no logro respuestas. ¿realmente el trabajo lo usamos como medio de vida y sólo como medio? ¿es el trabajo una especie de cueva donde escondernos para no enfrentarnos a nuestra crisis personal? (ahora no hablo de ella, sino de mi; ya me gustaría a mi tener el optimismo que tiene K en la vida...) Sigo con las preguntas: ¿qué pasa cuando lo que tú crees que puede ser un refugio o una escapada es un tema más de preocupación? ¿cómo hacer que un proyecto en el que tenías esperanzas vuelva a ilusionarnos? ¿realmente nuestra vida personal influye en la profesional o puede darse el caso contrario?
Otro día hablaré de la peli que vi ayer...(no fui al cine, y alquilamos un dvd, C y G, M, y yo mismo) que puede dar respuesta a todas estas preguntas... o al menos a que tantas dudas formen parte del olvido. (Para daros unas pistas, la peli se llama Olvídate de mi - menuda ralladura del director, Michel Gondry )
Hoy he sabido desconectar, al menos para estar aqui contigo, contándote tantas chorradas que espero algún día logres entender.
Cada viernes , pasa lo mismo. Llega la hora de comer, y empiezo a sentir un gusanillo - diferente al de tener hambre -, un gusanillo llamado weekend, que invita a hacer un lavado de mente casi permanente desde las 15 horas del viernes hasta las 08 de la mañana del lunes (aunque tal como está Madrid últimamente podrían ser las nueve, o incluso las diez). Pues llevo tres fines de semana que no hay forma. No desconecto. No limpio. Y no es porque no tenga nada que hacer, sino porque creo haber perdido la ilusión que tan importante es en cualquier proyecto. Y es que con ilusión, hasta tienes ganas de llegar a ese atasco que te lleva cada mañana a la oficina.
Bueno, pues me disponía ir al cine con K. y el sábado a las 2 de la mañana, después de que ella saliera de una cena de empresa para celebrar que acaban de ganar un contrato, me informó que al día siguiente trabajaba... ¡¡en domingo!!. Se lo respeto; anda que no he trabajado yo en fines de semana. Pero me surgen preguntas y no logro respuestas. ¿realmente el trabajo lo usamos como medio de vida y sólo como medio? ¿es el trabajo una especie de cueva donde escondernos para no enfrentarnos a nuestra crisis personal? (ahora no hablo de ella, sino de mi; ya me gustaría a mi tener el optimismo que tiene K en la vida...) Sigo con las preguntas: ¿qué pasa cuando lo que tú crees que puede ser un refugio o una escapada es un tema más de preocupación? ¿cómo hacer que un proyecto en el que tenías esperanzas vuelva a ilusionarnos? ¿realmente nuestra vida personal influye en la profesional o puede darse el caso contrario?
Otro día hablaré de la peli que vi ayer...(no fui al cine, y alquilamos un dvd, C y G, M, y yo mismo) que puede dar respuesta a todas estas preguntas... o al menos a que tantas dudas formen parte del olvido. (Para daros unas pistas, la peli se llama Olvídate de mi - menuda ralladura del director, Michel Gondry )
Hoy he sabido desconectar, al menos para estar aqui contigo, contándote tantas chorradas que espero algún día logres entender.
domingo, abril 17, 2005
Empecemos.... algún día
Pues hoy empiezo con esta extraña forma de compartir contigo lo que un dia leeras... si es que estas en algun lado, algo que empiezo a dudar considerablemente. Cada día que pasa lo veo más difícil... bueno, el caso es que me hace ilusión empezar a construir un futuro que está por llegar, si es que el aterrizaje forzoso no aparece como mascarilla de aire por sorpresa... (y alguna vez me pasó)
Si has llegado hasta aquí, probablemente hayas ganado 10 puntos... o perdido. Normalmente tenemos como humanos el defecto de buscar aquello que no nos conviene, y cuando aparece alguien realmente interesante, huimos despavoridos ante el solo miedo de pensar en el aburrimiento o la decepción. Esto lo analizaré más adelante... algún día
Ayer tuve una cena con amigos. Bueno, más que amigos son conocidos. Tengo el enorme placer de comunicarte que por mi forma de ser tengo la peculiaridad de atraer enormemente para ser invitado a la primera a cenas donde jamás se hubieran imaginado que pudiera ser convidado. Quizás es por mi carácter que destaca por ser tremendamente abierto y sin duda alguna, conflictivo. Cuando das una cena, no olvides jamás de poner a alguien en tu mesa que sea capaz de animar la conversación de todos con todos. Ultimamente tengo la sensación de estar ganando ese papel en todas y cada una de las cenas a las que voy. Qué triste. Llevo años diciendo que debo decir que no... y la educación me puede.
La cena fue bien. Cinco matrimonios, algunos de ellos de la Obra (Opus, que a lo mejor cuando leas esto gracias a Dios desaparecieron de una vez), y nosotros, los solteros. En este tipo de reuniones somos puestos como fresa en pastel de nata, algo para dar un sabor irreconocible en sus vidas. Algo extraño, cuando alcanzas una edad ya está mal visto en estos grupos el decir que estás soltero, aunque les atrae tremendamente el saber por qué. Es como si su vida estuviera centrada en enseñarte el camino del bien, cuando sabes que ese camino... todavía está por llegar, en forma de uno ochenta y siete y jamás se ha dignado en cruzar la mirada contigo. Qué pena.
El caso es que quien no es de la Obra, aunque cercano pero a la vez deseoso de enfrentarse a ellos con rabia y alevosía (me recuerda a la portada del otro día de la Razón donde se afirmaba que habían quitado la estatua de Franco con nocturnidad -les faltó la alevosía que Ansón tanto conoce) , esa gente que siempre ha querido estar dentro pero nunca ha sido aceptada, busca continuamente situaciones de escándalo ante ellos para hacerles ver lo que ellos hubieran podido ser y nunca fueron (lo que no saben es que jamas habrían sido aceptados como tal...)
Terminé pronto, pero mucho más tarde de lo que habría querido. A las 3 ya estaba en mi cama. Recuérdame que algún día te hable de esa cama con el lado izquierdo perfectamente compuesto y el lado derecho imperfectamente deshecho, como si hubiera tenido la sensacion de buscar a alguien durante toda la noche. Ahora que pienso, si no te conozco, ¿cómo me vas a recordar algo?
Empecemos... algún día
Si has llegado hasta aquí, probablemente hayas ganado 10 puntos... o perdido. Normalmente tenemos como humanos el defecto de buscar aquello que no nos conviene, y cuando aparece alguien realmente interesante, huimos despavoridos ante el solo miedo de pensar en el aburrimiento o la decepción. Esto lo analizaré más adelante... algún día
Ayer tuve una cena con amigos. Bueno, más que amigos son conocidos. Tengo el enorme placer de comunicarte que por mi forma de ser tengo la peculiaridad de atraer enormemente para ser invitado a la primera a cenas donde jamás se hubieran imaginado que pudiera ser convidado. Quizás es por mi carácter que destaca por ser tremendamente abierto y sin duda alguna, conflictivo. Cuando das una cena, no olvides jamás de poner a alguien en tu mesa que sea capaz de animar la conversación de todos con todos. Ultimamente tengo la sensación de estar ganando ese papel en todas y cada una de las cenas a las que voy. Qué triste. Llevo años diciendo que debo decir que no... y la educación me puede.
La cena fue bien. Cinco matrimonios, algunos de ellos de la Obra (Opus, que a lo mejor cuando leas esto gracias a Dios desaparecieron de una vez), y nosotros, los solteros. En este tipo de reuniones somos puestos como fresa en pastel de nata, algo para dar un sabor irreconocible en sus vidas. Algo extraño, cuando alcanzas una edad ya está mal visto en estos grupos el decir que estás soltero, aunque les atrae tremendamente el saber por qué. Es como si su vida estuviera centrada en enseñarte el camino del bien, cuando sabes que ese camino... todavía está por llegar, en forma de uno ochenta y siete y jamás se ha dignado en cruzar la mirada contigo. Qué pena.
El caso es que quien no es de la Obra, aunque cercano pero a la vez deseoso de enfrentarse a ellos con rabia y alevosía (me recuerda a la portada del otro día de la Razón donde se afirmaba que habían quitado la estatua de Franco con nocturnidad -les faltó la alevosía que Ansón tanto conoce) , esa gente que siempre ha querido estar dentro pero nunca ha sido aceptada, busca continuamente situaciones de escándalo ante ellos para hacerles ver lo que ellos hubieran podido ser y nunca fueron (lo que no saben es que jamas habrían sido aceptados como tal...)
Terminé pronto, pero mucho más tarde de lo que habría querido. A las 3 ya estaba en mi cama. Recuérdame que algún día te hable de esa cama con el lado izquierdo perfectamente compuesto y el lado derecho imperfectamente deshecho, como si hubiera tenido la sensacion de buscar a alguien durante toda la noche. Ahora que pienso, si no te conozco, ¿cómo me vas a recordar algo?
Empecemos... algún día
