jueves, septiembre 29, 2005
Restaurantes, estrenos , y demas saraos que forman parte de mi vida
Lágrimas Negras. Con un nombre tan sugerente, recientemente se ha inaugurado un restaurante en Madrid que según los críticos del sector, pasará a ser centro de referencia en las noches de esta capital caracterizada por no poder quedar con nadie a ninguna hora diurna o nocturna sin disponer de un helicóptero. Calle cortada me tiene contento. Pero me imagino (quiero imaginar), que esto de perder 2 horas todos los días en un absurdo coche tendrá sus días contados.
El nuevo restaurante se encuentra a la izquierda del hall del nuevo hotel Puerta de América. Este nuevo sitio para dormir en la ciudad ha venido cobrando peso en los medios por tener cada planta decorada por un diseñador diferente. De lo que me han contado, tan solo me ha quedado en la cabeza (memoria selectiva) que hay una habitación completamente negra y otra completamente roja. No quiero ni imaginarme despertar por la noche y sentir que me encuentro en un sarcófago o dentro de un tomate a punto de ser metido en licuadora para hacer gazpacho. Y es que cuando a los diseñadores les da por trabajar, a veces pintan una maravillosa obra de arte que no se corresponde con el objetivo que tiene una habitación que -fundamentalmente y en mi caso- es dormir.
Fuimos 6 amigos con los que suelo pasar buenos momentos descubriendo nuevos sitios donde disfrutar de una buena cena, un buen vino, y una agradable conversación. La entrada al hotel es cuanto menos, extraña. Existen dos puertas laterales (y sólo estas puertas) que más parecen las puertas de servicio o para los que recogen las maletas que una entrada digna a un hotel de cinco estrellas. El hall es absolutamente frío y nada acogedor. En cambio, una vez que cruzas la pared acristalada del restaurante, parece que te has sumergido en un entorno neoyorquino con techos de más de 7 metros de altura y una decoración minimalista pero justa. El menú degustación estupendo (a razón de 80 euros por barba) pero un poco largo y pesado (de hecho estuvimos 4 horas sentados de principio a fin). La caga el servicio, absolutamente inexperto e ineficaz. No se puede tener tanto tiempo esperando ni mucho menos servir el primer plato sin ni siquiera haber puesto el vino y el agua. Cero a la izquierda. Y ellos eran conscientes. Creo que no volveré, y es que algunos nuevos empresarios en el mundo de la restauración creen que coger a un cocinero de renombre es arma suficiente para llenar un local, cuando hoy en día hay infinitos factores que hacen ponerse de moda a sitios por los que nadie apostaría.
Ayer también estuve en el estreno de Victor o Victoria. Ultimamente existe cierta manía por parte de productores teatrales de importar musicales que han permanecido en Broadway durante años con un lleno total. Ellos creen que con una simple adaptación del texto y un decorado cuasi comparable al original (desgraciadamente no disponemos de los mismos teatros ni mucho menos de los escenarios), el éxito está asegurado. Y probablemente lo tengan. Pero, no queriendo tacharme de snob, la adaptación al español de muchas de estas obras es sencillamente incompatible. Solo tenemos que comparar a una Glenn Close (disfruté de ella con Sunset Boulevard en NYC) con una Paloma San Basilio de estupenda voz, pero nula interpretación. Giros fáciles y poco inteligentes, coreografía aceptable y decorados muy logrados. Pero la obra pierde su importancia cuando está carente de argumento. Y aquí pasa cada minuto de las tres horas que dura la función.
Para finalizar mi ajetreda noche, asistimos a una fiesta de presentación de Dunhil en el Club Financiero Génova. Como contraposición a todo lo anterior, este evento era de los típicos en los que si no hubiera sido un martes, me hubiera quedado hasta bien entrada la madrugada. Gente guapa de Madrid, buena música, y unas vistas increíbles hacia un cielo de Madrid que parecía ya pintado de otoño. Qué pena que tuviera que madrugar, pero la vida es así y si no, ya habría salido corriendo.
Pd.: Un amigo, confraternizándose conmigo y con lo que aquí escribo, me manda un mensaje al móvil diciendo lo siguiente:
"¿qué le pasa al mundo que ya no sabe valorar un beso? ¿qué vale entregar tu cuerpo hoy en día? ¿por qué la gente ha olvidado que tenemos alma y nosotros no somos capaces de ver lo que hay detrás de una mirada? ¿ es que acaso esto que llaman evolución nos acerca al amor o nos ayuda a eliminarlo para sentirnos más cerca de nuestra vida? ¿cual es el fin: alcanzar la gloria o morir habiendo llegado a amar?¿por qué tantas pruebas? ¿por qué tanta soledad? ¿para qué?"
Cuento las palabras y veo que ha invertido muchos minutos y más de 2 mensajes . Unas cincuenta de las antiguas pesetas. Y qué bien aprovechadas. Menos mal que no estamos solos. Aunque él se empeñe en decir lo contrario...
El nuevo restaurante se encuentra a la izquierda del hall del nuevo hotel Puerta de América. Este nuevo sitio para dormir en la ciudad ha venido cobrando peso en los medios por tener cada planta decorada por un diseñador diferente. De lo que me han contado, tan solo me ha quedado en la cabeza (memoria selectiva) que hay una habitación completamente negra y otra completamente roja. No quiero ni imaginarme despertar por la noche y sentir que me encuentro en un sarcófago o dentro de un tomate a punto de ser metido en licuadora para hacer gazpacho. Y es que cuando a los diseñadores les da por trabajar, a veces pintan una maravillosa obra de arte que no se corresponde con el objetivo que tiene una habitación que -fundamentalmente y en mi caso- es dormir.
Fuimos 6 amigos con los que suelo pasar buenos momentos descubriendo nuevos sitios donde disfrutar de una buena cena, un buen vino, y una agradable conversación. La entrada al hotel es cuanto menos, extraña. Existen dos puertas laterales (y sólo estas puertas) que más parecen las puertas de servicio o para los que recogen las maletas que una entrada digna a un hotel de cinco estrellas. El hall es absolutamente frío y nada acogedor. En cambio, una vez que cruzas la pared acristalada del restaurante, parece que te has sumergido en un entorno neoyorquino con techos de más de 7 metros de altura y una decoración minimalista pero justa. El menú degustación estupendo (a razón de 80 euros por barba) pero un poco largo y pesado (de hecho estuvimos 4 horas sentados de principio a fin). La caga el servicio, absolutamente inexperto e ineficaz. No se puede tener tanto tiempo esperando ni mucho menos servir el primer plato sin ni siquiera haber puesto el vino y el agua. Cero a la izquierda. Y ellos eran conscientes. Creo que no volveré, y es que algunos nuevos empresarios en el mundo de la restauración creen que coger a un cocinero de renombre es arma suficiente para llenar un local, cuando hoy en día hay infinitos factores que hacen ponerse de moda a sitios por los que nadie apostaría.
Ayer también estuve en el estreno de Victor o Victoria. Ultimamente existe cierta manía por parte de productores teatrales de importar musicales que han permanecido en Broadway durante años con un lleno total. Ellos creen que con una simple adaptación del texto y un decorado cuasi comparable al original (desgraciadamente no disponemos de los mismos teatros ni mucho menos de los escenarios), el éxito está asegurado. Y probablemente lo tengan. Pero, no queriendo tacharme de snob, la adaptación al español de muchas de estas obras es sencillamente incompatible. Solo tenemos que comparar a una Glenn Close (disfruté de ella con Sunset Boulevard en NYC) con una Paloma San Basilio de estupenda voz, pero nula interpretación. Giros fáciles y poco inteligentes, coreografía aceptable y decorados muy logrados. Pero la obra pierde su importancia cuando está carente de argumento. Y aquí pasa cada minuto de las tres horas que dura la función.
Para finalizar mi ajetreda noche, asistimos a una fiesta de presentación de Dunhil en el Club Financiero Génova. Como contraposición a todo lo anterior, este evento era de los típicos en los que si no hubiera sido un martes, me hubiera quedado hasta bien entrada la madrugada. Gente guapa de Madrid, buena música, y unas vistas increíbles hacia un cielo de Madrid que parecía ya pintado de otoño. Qué pena que tuviera que madrugar, pero la vida es así y si no, ya habría salido corriendo.
Pd.: Un amigo, confraternizándose conmigo y con lo que aquí escribo, me manda un mensaje al móvil diciendo lo siguiente:
"¿qué le pasa al mundo que ya no sabe valorar un beso? ¿qué vale entregar tu cuerpo hoy en día? ¿por qué la gente ha olvidado que tenemos alma y nosotros no somos capaces de ver lo que hay detrás de una mirada? ¿ es que acaso esto que llaman evolución nos acerca al amor o nos ayuda a eliminarlo para sentirnos más cerca de nuestra vida? ¿cual es el fin: alcanzar la gloria o morir habiendo llegado a amar?¿por qué tantas pruebas? ¿por qué tanta soledad? ¿para qué?"
Cuento las palabras y veo que ha invertido muchos minutos y más de 2 mensajes . Unas cincuenta de las antiguas pesetas. Y qué bien aprovechadas. Menos mal que no estamos solos. Aunque él se empeñe en decir lo contrario...
sábado, septiembre 24, 2005
Closer: O cómo sé que nos va la caña
Ayer viernes me llamó M sobre las siete para invitarme a su casa, en plan tranquilo, a cenar algo y a ver un DVD. El plan no tenía nada de especial, si no fuera porque me encanta huir de casa y hacer algo tranquilo, y más cuando me había levantado a las seis de la mañana después de haber cenado con la plana mayor fallera de Valencia (uno, que está para todo). Además, M acaba de entrar a formar parte de una de las mayores sectas de este país. La secta de la thermomix. Su madre ha tenido la brillante idea de regalarle una de estas máquinas ultramodernas que hace de todo (bueno, cariño, lo que se dice cariño, no da) y prepara unos platos suculentos en cuestión de minutos. Y yo encantado: me apasiona que cocinen para mi...y solo para mi.
Me pregunto por qué mi madre nunca me enseñó a cocinar. Me pregunto por qué mi madre nunca supo cocinar y por eso nunca me pudo mostrar cómo coño se hacía un huevo frito. Me pregunto muchas cosas con difícil respuesta... y soy un adicto a las secciones de congelado. Mi nivel de cansancio cuando llego a casa cada día sobre las 8 de la tarde después de un día duro de trabajo es tal, que lo que menos me apetece es enfrentarme con el cuchillo y la sartén. Así me va, que mi médico me tiene puesto como ejemplo en su pared trasera con unos análisis llenos de asteriscos que indican que mi vida alimentaria no es nada sana. El deporte lo cura todo, como diría alguna de mis lectoras...
Un estupendo plato de pasta con bechamel que nunca hubiera salido de mi cocina.Y una pantalla plana de 17 pulgadas donde ver un reflejo de nuestras vidas. A veces prometemos a alguien que quedaremos a ver una película con la obligación de no verla si no es en su compañía. Y luego nunca lo cumplimos. Porque sabemos que si lo quieren, es por algo. Y ayer ninguno de los dos nos habíamos prometido nada, pero alguien que no estaba allí presente sí que lo había hecho, y al finalizar la historia supimos por qué...
La película es tremendamente dura, y desgraciadamente, también es impactatemente realista. Nunca me gustaron las obras con un final feliz, porque nos vemos rodeados de historias que nos demuestran lo contrario cada día. Para variar, el argumento está basado en la historia de dos parejas que logran que sus vidas se entremezclen con sentimientos arraigados de infidelidad y dominación. Lo que realmente nos demuestra es que las relaciones amorosas, para que enganchen de verdad, deben de aportar caña y sufrimiento a raudales. No es cuestión de buscarlas, la vida ya se encarga de hacérnoslas llegar en bandeja de plata. Y es cuando más nos colamos. Hombres y mujeres. Aquí no hay diferencia. ¿Por qué si alguien quiere hacernos feliz y ese es su único objetivo decidimos borrarle de un plumazo? ¿por qué tiene tanto éxito el masoquismo fuera de una relación sexual? ¿no es ya complicada la vida de por sí como para que pongamos pimienta en nuestro amor cada mísero segundo? Pues lo hacemos. Y lloramos como imbéciles en una esquina solitaria. Con la libertad que nos caracteriza, nos metemos en la boca del lobo haciendo oidos sordos a lo que nos dice nuestro prójimo.
Ya no es cuestión de cuernos ni de infidelidades con arrepentimiento. Nos enamoramos de llamadas que nunca llegan, de besos sin sentimiento, y de palabras que demuestran un rechazo descarado. No estamos hechos para sufrir, pero buscamos el sufrimiento en cada gesto y cada palabra. Si no tenemos esto que tanto odiamos visto desde fuera, aparece una palabra que solo decirla nos hace temblar: el aburrimiento. Es como si nos pusiéramos metas infundadas en sentimientos que no se corresponden con lo que entendemos con felicidad plena. Y sabiendo que ser feliz es vivir una serie de momentos (nunca eternidades) que nos llenan, buscamos todo lo contrario hasta darnos de ostias para luego levantarnos con magulladuras que no nos enseñan nada. Pero somos persistentes. Y luego encima nos quejamos de ver la palabra soledad de lado a lado del salón como esperando que alguien con mucha paciencia lo borre en un instante.
De eso va Closer. De cómo ser feliz y morir (sin duda) en el intento...
Me pregunto por qué mi madre nunca me enseñó a cocinar. Me pregunto por qué mi madre nunca supo cocinar y por eso nunca me pudo mostrar cómo coño se hacía un huevo frito. Me pregunto muchas cosas con difícil respuesta... y soy un adicto a las secciones de congelado. Mi nivel de cansancio cuando llego a casa cada día sobre las 8 de la tarde después de un día duro de trabajo es tal, que lo que menos me apetece es enfrentarme con el cuchillo y la sartén. Así me va, que mi médico me tiene puesto como ejemplo en su pared trasera con unos análisis llenos de asteriscos que indican que mi vida alimentaria no es nada sana. El deporte lo cura todo, como diría alguna de mis lectoras...
Un estupendo plato de pasta con bechamel que nunca hubiera salido de mi cocina.Y una pantalla plana de 17 pulgadas donde ver un reflejo de nuestras vidas. A veces prometemos a alguien que quedaremos a ver una película con la obligación de no verla si no es en su compañía. Y luego nunca lo cumplimos. Porque sabemos que si lo quieren, es por algo. Y ayer ninguno de los dos nos habíamos prometido nada, pero alguien que no estaba allí presente sí que lo había hecho, y al finalizar la historia supimos por qué...
La película es tremendamente dura, y desgraciadamente, también es impactatemente realista. Nunca me gustaron las obras con un final feliz, porque nos vemos rodeados de historias que nos demuestran lo contrario cada día. Para variar, el argumento está basado en la historia de dos parejas que logran que sus vidas se entremezclen con sentimientos arraigados de infidelidad y dominación. Lo que realmente nos demuestra es que las relaciones amorosas, para que enganchen de verdad, deben de aportar caña y sufrimiento a raudales. No es cuestión de buscarlas, la vida ya se encarga de hacérnoslas llegar en bandeja de plata. Y es cuando más nos colamos. Hombres y mujeres. Aquí no hay diferencia. ¿Por qué si alguien quiere hacernos feliz y ese es su único objetivo decidimos borrarle de un plumazo? ¿por qué tiene tanto éxito el masoquismo fuera de una relación sexual? ¿no es ya complicada la vida de por sí como para que pongamos pimienta en nuestro amor cada mísero segundo? Pues lo hacemos. Y lloramos como imbéciles en una esquina solitaria. Con la libertad que nos caracteriza, nos metemos en la boca del lobo haciendo oidos sordos a lo que nos dice nuestro prójimo.
Ya no es cuestión de cuernos ni de infidelidades con arrepentimiento. Nos enamoramos de llamadas que nunca llegan, de besos sin sentimiento, y de palabras que demuestran un rechazo descarado. No estamos hechos para sufrir, pero buscamos el sufrimiento en cada gesto y cada palabra. Si no tenemos esto que tanto odiamos visto desde fuera, aparece una palabra que solo decirla nos hace temblar: el aburrimiento. Es como si nos pusiéramos metas infundadas en sentimientos que no se corresponden con lo que entendemos con felicidad plena. Y sabiendo que ser feliz es vivir una serie de momentos (nunca eternidades) que nos llenan, buscamos todo lo contrario hasta darnos de ostias para luego levantarnos con magulladuras que no nos enseñan nada. Pero somos persistentes. Y luego encima nos quejamos de ver la palabra soledad de lado a lado del salón como esperando que alguien con mucha paciencia lo borre en un instante.
De eso va Closer. De cómo ser feliz y morir (sin duda) en el intento...
lunes, septiembre 19, 2005
La pedida de mano
Si, se lo que estás pensando. Que esto de pedir la mano ya no se lleva. Que si no hay bodas es porque la gente no quiere casarse. Pero existen, y este fin de semana me tocó asistir a una. Y yo encantado. Parece mentira que la gente no para de casarse mientras yo vislumbro una soltería cada vez más permanente, pero la vida es así, y yo no puedo bajarme del tren en marcha.
Un nuevo hotel de la cadena NH, con casino y bingo incluído, que le ha venido a Badajoz al pelo. Faltaba un lugar de cinco estrellas en esta ciudad donde quedarse a dormir un par de días y viajar a comprar sábanas a Elvas y de paso ir a comer a una de las mágnificas Pousadas que Portugal pone a nuestra disposición. Ese fue el plan de día, que junto con una visita al pretencioso casino del hotel de referencia hizo del fin de semana un plan perfecto. Ya sólo nos quedaba emborracharnos como posesos en una pedida llena de casados y solteros en búsqueda de aventuras... junto a la piscina de la finca. No me dio tiempo a verlo, pero seguro que algun@ haría de las suyas a la luz de la luna llena que el sábado iluminaba la finca cercana a la ciudad. Y es que esto de ver cómo otros deciden pedirse las manos mutuamente -¿aquí los padres tienen algo que decir todavía?-parece que nos ataca como si la vida fuera a acabarse mañana y no hubiera tiempo para celebrarlo.
Gente con un solo zapato (ya le dije a C que hay que probar con tiempo las cosas que uno compra), escotes desmesurados que pedían a gritos un masaje terapeútico, y algún que otro colgado que no encajaba ni con calzador. Gente de Madrid, y gente de Badajoz. Lo mejor de cada sitio. Y la guerra no ha hecho más que empezar. Que la boda será en Diciembre y avecino que de ésta saldrán otras (aunque visto lo visto no será la mía).... En fin, que sean felices y que coman perdices (bueno, que coman lo que quieran, porque con la cantidad de comida que pusieron en el buffet del otro día había para alimentar un ejército de Bono a su vuelta de Afganistán.)
...
La gente no aprende. Parece mentira cómo siguen engañando con promesas que no hay forma de cumplir. Y ell@s caen en la trampa como moscas en telaraña. Menos mal que esta vez no me ha tocado a mí, porque yo era el candidato ideal para semejante trampa. Pero le tocó a otro. De todo se aprende, y yo no me voy a negar a hacerlo. Para colmo de males, alguna amiga encuentran novio en Sevilla que con treinta años no han conocido carne (ni fresca ni pasada) y me da qué pensar. ¿tenemos edad de enseñar cómo se hace? ¿realmente notamos si alguien tiene experiencia en nuestra primera noche? ¿a tod@s nos gusta lo mismo en la cama? Creo que la respuesta a todas estas preguntas es claramente NO, pero a lo mejor tu me das alguna idea para pensar lo contrario.
Otra vez en Sevilla. Hoy más tarde que nunca. Me han puesto en una habitación de No fumadores, y el vicio no parece que quiera llamar a la puerta. Asi que otra noche más, dormiré SOLO sin un puto pitillo que llevarme a la boca. Tengo que dejar este enganche absurdo. A lo mejor así, y con la suerte que no tuve en el casino, por fin aparece algo nuevo en mi vida que merezca la pena. Salud dinero y amor. Creo que la propiedad transitiva...aquí no vale. Hoy opto por no quejarme y que cuando estemos peor estemos como ahora.
Un nuevo hotel de la cadena NH, con casino y bingo incluído, que le ha venido a Badajoz al pelo. Faltaba un lugar de cinco estrellas en esta ciudad donde quedarse a dormir un par de días y viajar a comprar sábanas a Elvas y de paso ir a comer a una de las mágnificas Pousadas que Portugal pone a nuestra disposición. Ese fue el plan de día, que junto con una visita al pretencioso casino del hotel de referencia hizo del fin de semana un plan perfecto. Ya sólo nos quedaba emborracharnos como posesos en una pedida llena de casados y solteros en búsqueda de aventuras... junto a la piscina de la finca. No me dio tiempo a verlo, pero seguro que algun@ haría de las suyas a la luz de la luna llena que el sábado iluminaba la finca cercana a la ciudad. Y es que esto de ver cómo otros deciden pedirse las manos mutuamente -¿aquí los padres tienen algo que decir todavía?-parece que nos ataca como si la vida fuera a acabarse mañana y no hubiera tiempo para celebrarlo.
Gente con un solo zapato (ya le dije a C que hay que probar con tiempo las cosas que uno compra), escotes desmesurados que pedían a gritos un masaje terapeútico, y algún que otro colgado que no encajaba ni con calzador. Gente de Madrid, y gente de Badajoz. Lo mejor de cada sitio. Y la guerra no ha hecho más que empezar. Que la boda será en Diciembre y avecino que de ésta saldrán otras (aunque visto lo visto no será la mía).... En fin, que sean felices y que coman perdices (bueno, que coman lo que quieran, porque con la cantidad de comida que pusieron en el buffet del otro día había para alimentar un ejército de Bono a su vuelta de Afganistán.)
...
La gente no aprende. Parece mentira cómo siguen engañando con promesas que no hay forma de cumplir. Y ell@s caen en la trampa como moscas en telaraña. Menos mal que esta vez no me ha tocado a mí, porque yo era el candidato ideal para semejante trampa. Pero le tocó a otro. De todo se aprende, y yo no me voy a negar a hacerlo. Para colmo de males, alguna amiga encuentran novio en Sevilla que con treinta años no han conocido carne (ni fresca ni pasada) y me da qué pensar. ¿tenemos edad de enseñar cómo se hace? ¿realmente notamos si alguien tiene experiencia en nuestra primera noche? ¿a tod@s nos gusta lo mismo en la cama? Creo que la respuesta a todas estas preguntas es claramente NO, pero a lo mejor tu me das alguna idea para pensar lo contrario.
Otra vez en Sevilla. Hoy más tarde que nunca. Me han puesto en una habitación de No fumadores, y el vicio no parece que quiera llamar a la puerta. Asi que otra noche más, dormiré SOLO sin un puto pitillo que llevarme a la boca. Tengo que dejar este enganche absurdo. A lo mejor así, y con la suerte que no tuve en el casino, por fin aparece algo nuevo en mi vida que merezca la pena. Salud dinero y amor. Creo que la propiedad transitiva...aquí no vale. Hoy opto por no quejarme y que cuando estemos peor estemos como ahora.
miércoles, septiembre 14, 2005
Un partido de la Champions
Acabo de llegar de Sevilla. Parece mentira que el verano siga haciendo acto de presencia a estas alturas del año pero puedo asegurar que el calor en la estación de Santa Justa se hacía insoportable... para variar. Llegué a la capital hispalense ayer por la mañana, con tiempo justo para hacer una entrevista en Intereconomía donde me preguntaban sobre el bien y el mal... y la reproducción de los moluscos (una de las cosas que más me gusta de los blogs es la confidencialidad sobre el autor de los mismos, aunque ya muchos habreis descubierto quien está detrás de estas palabras malsonantes).
Fui para ver el partido de la Champions, que enfrentaba a un equipo tan tradicional en Sevilla como el Betis con otro si cabe más tradicional pero de fuera, el Liverpool. Desde primera hora ya se veían a los hooligans ingleses en busca de una Guiness desesperadamente, hasta que se rendieron no sin meterse para el cuerpo miles de Cruzcampo. Parece mentira lo mal que saben beber estos guiris del norte. Su borrachera a la hora del partido era para escribir un libro. Para una ciudad como Sevilla, la tarde noche de ayer fue todo un acontecimiento. Era la primera vez que un equipo como el Betis entraba en una competición Europea de este nivel, por lo que se llenó la calle de gente con ganas de tener una fiesta hasta que entrara el sol traicionero de la mañana.
Pero no fue así. Perdió en un partido mal jugado, lleno de nervios y poca estrategia. No entiendo demasiado de fútbol, pero el espectáculo era bastante deplorable. Allí estaba nuestra duquesa más conocida con ganas de saltar y apoyar a su equipo, pero creo que se fue a casa con la ilusión entre las piernas. Y Don Manuel, como llaman en Sevilla al presidente del Club hoy enfrentado con una famosa modelo actriz multitarea, tenía una cara que parecía sacada de un libro sobre el antes y el después para hacer amigos (lógicamente, la expresión correspondía al antes...)
Alguna vez escuché que los locutores de un partido de fútbol (admiro tremendamente esa profesión) , no usan más de 100 palabras para retransmitir la totalidad de los 90 minutos del encuentro. Para comprobarlo, te recomiendo que acudas -siempre a la grada, que es donde se vive de verdad un partido - a cualquiera que enfrente a dos equipos de primera división para escuchar los fanáticos gritos que superan los 100 decibelios y que sacados fuera de contexto parecerían sacados del rodaje de una peli porno. Transcribo:
- "¡no la metas ahi, joder!"
- "¡venga Arzu a ver si sabes como metersela al contrario!" (me llamó la atención el nombre de Arzu, el jugador del Betis. Alguien me explicó que a su madre le gustaba la estupenda película de Arthur el soltero de oro.... no hace falta más explicación. Sevilla es así)
- "este vasco es un chupón pero qué bien lo hace el mamón"
........
Por mucho que intentaba ver con mi mente calenturienta, allí no veía más que doce mamarrachos en pantalón corto detrás de una pelota traviesa que no tenía culpa de su puntual cabreo. Menudas leches se llevaron. Los unos y los otros. La próxima vez que vaya me llevaré un libro de sudokus por si las moscas. Menos mal que me acompañó mi amigo A que estaba encantado con el encuentro. Me recogieron en la puerta del hotel y me dejaron casi metido en la cama luego. ¿qué más se puede pedir para una tarde de trabajo?
Y hoy de vuelta a casa. De nuevo en ese tren de alta velocidad que deja mis pensamientos volando por Despeñaperros. Todavía no he entendido por qué no arreglan el tema de la cobertura del móvil a lo largo de toda la línea del AVE. Algunos serían tremendamente felices y yo seguiría enterándome de la vida de los españoles sin hacer el más mínimo esfuerzo.
Hoy venía a mi lado Paco Lobatón. No me atreví a preguntarle por mi futura ex pareja, a lo mejor él me podía responder como hacía en su programa. Pero tuve miedo. Seguro que su respuesta hubiera sido tan cruel como: ¿quién sabe dónde?
Las galerías de arte están a rebosar hoy en Madrid. ¿Será que no hay fútbol hoy? Pues habrá que ir.
Fui para ver el partido de la Champions, que enfrentaba a un equipo tan tradicional en Sevilla como el Betis con otro si cabe más tradicional pero de fuera, el Liverpool. Desde primera hora ya se veían a los hooligans ingleses en busca de una Guiness desesperadamente, hasta que se rendieron no sin meterse para el cuerpo miles de Cruzcampo. Parece mentira lo mal que saben beber estos guiris del norte. Su borrachera a la hora del partido era para escribir un libro. Para una ciudad como Sevilla, la tarde noche de ayer fue todo un acontecimiento. Era la primera vez que un equipo como el Betis entraba en una competición Europea de este nivel, por lo que se llenó la calle de gente con ganas de tener una fiesta hasta que entrara el sol traicionero de la mañana.
Pero no fue así. Perdió en un partido mal jugado, lleno de nervios y poca estrategia. No entiendo demasiado de fútbol, pero el espectáculo era bastante deplorable. Allí estaba nuestra duquesa más conocida con ganas de saltar y apoyar a su equipo, pero creo que se fue a casa con la ilusión entre las piernas. Y Don Manuel, como llaman en Sevilla al presidente del Club hoy enfrentado con una famosa modelo actriz multitarea, tenía una cara que parecía sacada de un libro sobre el antes y el después para hacer amigos (lógicamente, la expresión correspondía al antes...)
Alguna vez escuché que los locutores de un partido de fútbol (admiro tremendamente esa profesión) , no usan más de 100 palabras para retransmitir la totalidad de los 90 minutos del encuentro. Para comprobarlo, te recomiendo que acudas -siempre a la grada, que es donde se vive de verdad un partido - a cualquiera que enfrente a dos equipos de primera división para escuchar los fanáticos gritos que superan los 100 decibelios y que sacados fuera de contexto parecerían sacados del rodaje de una peli porno. Transcribo:
- "¡no la metas ahi, joder!"
- "¡venga Arzu a ver si sabes como metersela al contrario!" (me llamó la atención el nombre de Arzu, el jugador del Betis. Alguien me explicó que a su madre le gustaba la estupenda película de Arthur el soltero de oro.... no hace falta más explicación. Sevilla es así)
- "este vasco es un chupón pero qué bien lo hace el mamón"
........
Por mucho que intentaba ver con mi mente calenturienta, allí no veía más que doce mamarrachos en pantalón corto detrás de una pelota traviesa que no tenía culpa de su puntual cabreo. Menudas leches se llevaron. Los unos y los otros. La próxima vez que vaya me llevaré un libro de sudokus por si las moscas. Menos mal que me acompañó mi amigo A que estaba encantado con el encuentro. Me recogieron en la puerta del hotel y me dejaron casi metido en la cama luego. ¿qué más se puede pedir para una tarde de trabajo?
Y hoy de vuelta a casa. De nuevo en ese tren de alta velocidad que deja mis pensamientos volando por Despeñaperros. Todavía no he entendido por qué no arreglan el tema de la cobertura del móvil a lo largo de toda la línea del AVE. Algunos serían tremendamente felices y yo seguiría enterándome de la vida de los españoles sin hacer el más mínimo esfuerzo.
Hoy venía a mi lado Paco Lobatón. No me atreví a preguntarle por mi futura ex pareja, a lo mejor él me podía responder como hacía en su programa. Pero tuve miedo. Seguro que su respuesta hubiera sido tan cruel como: ¿quién sabe dónde?
Las galerías de arte están a rebosar hoy en Madrid. ¿Será que no hay fútbol hoy? Pues habrá que ir.
sábado, septiembre 10, 2005
Tiempos pasados y futuros
De vuelta en Madrid. Da gusto volver en los primeros días de Septiembre, donde puedes dormir a pierna suelta con la ventan abierta porque llegar el frío. Y es que no se si alguna vez te lo he dicho, pero soporto infinitamente mejor el frío que el calor. Al fin y al cabo, siempre podrás ponerte 17 abrigos tipo cebolla y jamás encontraste la prenda de lino que llevara aire acondicionado incorporado. Mi garganta ya pedía un respiro para tanto artificio en forma de aire frío.
El último día en Tarifa me dejaron solo. Tumbado en el mismo sillón que me ha acompañó durante toda la semana, enfrentándome al silencio repetitivo de las olas que rompen tímidamente anunciando un viento poniente esperanzador que llegó cuando ya me iba. Y esta pasada semana con premios, inauguraciones y más ruedas de prensa. Menos mal que hoy viernes es fiesta en Madrid, y podré dormir más de la cuenta, y soñar también en algo que no sea trabajo.
Pero he descansado. Y al menos he podido desconectar unos días ya que Vodafone se ha encargado de anular la red 3G para mí con plena exclusividad de uso y disfrute. Hoy solo me queda agradecerle tanta generosidad. La verdad es que de vez en cuando viene bien poder decir que no a la técnica que tanto me ayuda cada día del resto del año, como firmando un divorcio temporal sin presencia de juez que lo afirme. Me apasiona esto de firmar un divorcio sin estar casado. Recuerdo que la última vez que estuve en el notario para firmar un asunto del trabajo, el oficial se equivocó y en la escritura, que perdura en el tiempo en cajones olvidados, puso que estaba casado. Decidí decirle que estaba bien, como anticipando una situación que llegará en breve aunque sea en formato de sueño nocturno.
Esta semana tuve un encuentro (limitémonos a la palabra encuentro por favor), con mi ex pareja de hace más de 15 años. En un avión a Valencia y por un período de 45 minutos. Después de las obligadas preguntas que indagan un resumen de tan largo período, y un “nos veremos pronto” esperanzador como despedida, recibo un mensaje en mi móvil que dice : “me encantaría revivir contigo viejos tiempos y enseñarnos mutuamente lo que hemos aprendido”. Ante tal afirmación cabe pensar que a veces es mejor volver a lo malo conocido que buscar lo bueno por conocer. Pero creo que no es el caso. A lo mejor quince años es un tiempo prudencial para poder comprobar que lo que en su día dejaste a un lado puede regresar a ti, como anticipando que volveríamos a encontrarnos en algún momento de nuestra larga carrera amorosa. Pero interpretando el mensaje, deduzco que únicamente se refiere a una noche loca de sexo y pasión que no esté cargada de torpezas de adolescente, razón por la que probablemente me dejaron en la estacada a la edad de 16 años.
Y creo que no me apetece, por muy bien que follara. El caso no sería el mismo si yo hubiera dejado la relación en aquél momento, pero cuando tu pareja decide romper y dejarte tirado, amoldas tu mente y tus pensamientos poniendo una barrera enorme de ladrillos de acero para que jamás pueda romperse, ni siquiera con el poder del influjo sexual, que tanto nos atrae, y que tantas paredes aparentemente indestructibles ha tirado, con un simple susurro en el oído.
Afrontaré el invierno comprando un nuevo abrigo que sea la capa 18 de una cebolla que no me haga llorar. La ilusión todavía no la he perdido y los tiempos pasados pueden esperar un rato más.
El último día en Tarifa me dejaron solo. Tumbado en el mismo sillón que me ha acompañó durante toda la semana, enfrentándome al silencio repetitivo de las olas que rompen tímidamente anunciando un viento poniente esperanzador que llegó cuando ya me iba. Y esta pasada semana con premios, inauguraciones y más ruedas de prensa. Menos mal que hoy viernes es fiesta en Madrid, y podré dormir más de la cuenta, y soñar también en algo que no sea trabajo.
Pero he descansado. Y al menos he podido desconectar unos días ya que Vodafone se ha encargado de anular la red 3G para mí con plena exclusividad de uso y disfrute. Hoy solo me queda agradecerle tanta generosidad. La verdad es que de vez en cuando viene bien poder decir que no a la técnica que tanto me ayuda cada día del resto del año, como firmando un divorcio temporal sin presencia de juez que lo afirme. Me apasiona esto de firmar un divorcio sin estar casado. Recuerdo que la última vez que estuve en el notario para firmar un asunto del trabajo, el oficial se equivocó y en la escritura, que perdura en el tiempo en cajones olvidados, puso que estaba casado. Decidí decirle que estaba bien, como anticipando una situación que llegará en breve aunque sea en formato de sueño nocturno.
Esta semana tuve un encuentro (limitémonos a la palabra encuentro por favor), con mi ex pareja de hace más de 15 años. En un avión a Valencia y por un período de 45 minutos. Después de las obligadas preguntas que indagan un resumen de tan largo período, y un “nos veremos pronto” esperanzador como despedida, recibo un mensaje en mi móvil que dice : “me encantaría revivir contigo viejos tiempos y enseñarnos mutuamente lo que hemos aprendido”. Ante tal afirmación cabe pensar que a veces es mejor volver a lo malo conocido que buscar lo bueno por conocer. Pero creo que no es el caso. A lo mejor quince años es un tiempo prudencial para poder comprobar que lo que en su día dejaste a un lado puede regresar a ti, como anticipando que volveríamos a encontrarnos en algún momento de nuestra larga carrera amorosa. Pero interpretando el mensaje, deduzco que únicamente se refiere a una noche loca de sexo y pasión que no esté cargada de torpezas de adolescente, razón por la que probablemente me dejaron en la estacada a la edad de 16 años.
Y creo que no me apetece, por muy bien que follara. El caso no sería el mismo si yo hubiera dejado la relación en aquél momento, pero cuando tu pareja decide romper y dejarte tirado, amoldas tu mente y tus pensamientos poniendo una barrera enorme de ladrillos de acero para que jamás pueda romperse, ni siquiera con el poder del influjo sexual, que tanto nos atrae, y que tantas paredes aparentemente indestructibles ha tirado, con un simple susurro en el oído.
Afrontaré el invierno comprando un nuevo abrigo que sea la capa 18 de una cebolla que no me haga llorar. La ilusión todavía no la he perdido y los tiempos pasados pueden esperar un rato más.
domingo, septiembre 04, 2005
Los lugares soñados

Recién llegado a Tarifa después de pasar dos días en el Puerto. Parece mentira como cambia el paisaje de un lado a otro y también la fauna humana que me rodea. Ya decía yo, que al Puerto iba a no descansar mientras que aquí no me queda otra opción…
Llevamos dos días de un Levante intenso, que parece que quiere llevarse todos nuestros pensamientos de un plumazo. Los meteorólogos, que de esto saben un poco, dicen que va para largo. Los que hacen vela (si es que al wind y al kite se les pueden llamar así) deben estar felices, Y los cristianos que sólo queremos pasar un día agradable de playa estamos que trinamos. Hoy he recorrido en Bolonia unos 3 kilómetros de playa venciendo a la fuerza del Dios Eolo para encontrar una cala que nos resguarde de semejante batalla. La encontramos, pero no por ello me toca en breve darme una buena ducha para encontrar arena en los lugares del cuerpo más insospechados. Será cuestión de esperar, aunque por otro lado, estoy encantado porque las vistas son increíbles y permiten relajar la mirada que lleva horas puesta en el libro que he traído para hacer frente al Levante.
El hotel es cuanto menos relajante. Es uno de esos sitios donde cada dos metros hay una cama para tumbarse con una vista más que espectacular del mar, y con suerte y buen Poniente, de la costa africana. Está frente a Punta Paloma, que es la playa por excelencia de Tarifa. Kilómetros de arena fina con espacio suficiente para ver sin ser visto. No hay hamacas ni tumbonas, ni tampoco sombrillas que incordien nuestra existencia. Tan solo el mar, la arena y nosotros. Y por nosotros entiendo el grupo de amigos con el que siempre aterrizo en este paraíso y que me acompañan con una soledad que entiendo como momento de encuentro conmigo mismo y con mi futuro. Es la primera vez que vengo a Tarifa solo en muchos años, pero creo que no me ha venido mal. Así me doy cuenta de los sitios tan maravillosos que me quedan por descubrir y aquellos que aun ya descubiertos, siguen dando la misma paz de otros años. Muchas veces, al contemplar un paisaje como este, te llegas a preguntar si lo que estás viendo es real o tan sólo un fruto más de la relación que en ese momento estás llevando.
Lo malo es que a veces el haber vivido esos momentos de felicidad en un entorno determinado y con la pareja apropiada te hacen pensar si las decisiones tomadas fueron las más acertadas. Al fin y al cabo, la felicidad no se trata más que de momentos puntuales en soledad o compañía; pero no son más que momentos, porque la eternidad ni existe ni creo que se vaya a inventar. (sería un terrible aburrimiento, sin duda).
Recuerdos que vienen y se van. Lugares donde te dieron el beso de tu vida o hiciste el amor de forma apasionada. Me niego a renunciar a ellos porque no puedas vivir lo mismo, con la pasión que necesitas. Basta ya de poner cara y cuerpo a los paraísos soñados. La soledad también puede regalarte buenos momentos, y si no, me pondré como objetivo dar rienda suelta a la imaginación y soñar que algún día volverá de nuevo. Solo o en compañía.
