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viernes, diciembre 30, 2005

 

Loft 39: Un restaurante nuevo... más.


Ayer por la noche, mis amigos K,R y J -de los pocos que quedan que me aguantan- me sacaron a cenar a un nuevo sitio que estoy seguro que dará que hablar en este nuevo año que entra mañana a medianoche. Su situación estratégica junto con la amplitud de sus espacios, servirán de lugar de reunión a los "mayores" del barrio de salamanca, y cuando digo mayores, incluyo también a algunos que tienen 25 años... Y es que Loft 39, situado en el mismo número de la calle Velázquez, no deja de ser un restaurante tremendamente llamativo, con una gran inversión detrás, y con un futuro alentandor, pero no es -ni mucho menos- para tirar cohetes.

Hablando con total franqueza, el lugar llama la atención desde el primer momento. Pascua Ortega - el mismo que decoró Madrid para la Boda Real del año pasado-, ha sabido conjugar materiales muy clásicos -excesivamente clásicos para mi gusto- con algunos otros - como el corcho de las paredes o la pintura de las puertas- mucho más modernos, pero nada arriesgados. Si que es verdad que la escalera señorial de la entrada - el restaurante se encuentra en un primer piso- ya te hace imaginar cómo va a ser el resto de las salas. Porque en Loft 39, y aunque podamos pensar por su nombre que se trata de un espacio enorme donde cabe todo, encontramos numerosas salas con diferentes toques pascuaorteganos donde tomarse una copa en sillones confortables o cenar en un privado de 4 metros de techo con un grupo de amigos. Si la terraza pudiera explotarse, si que puede dar mucho jugo, aunque no creo que opinen lo mismo los vecinos de plantas superiores. Y la decoración - en mi opinión, que para eso está este blog- es rancia y aburrida aunque entiendo que pueda llamar la atención de los que fijan las tendencias más puristas. Incongruente, que diría yo.

Y qué decir de lo más importante de un restaurante, la comida; pues la verdad es que estupenda. No podemos dejar de nombrar un estupendo pan de canela que acompañaba un foie exquisito , y un steak tartare algo soso pero aceptable. Pese a ello, y como ocurre ultimamente en todos los restaurantes de madrid, el servicio no puede ser peor. Empezando por la hija de los dueños -que desaparece inexplicablemente antes de que todo el mundo haya terminado sus segundos platos- y pasando por unos camareros sudamericanos a quien nadie ha enseñado nada, con nula experiencia - o eso demostraron-, y con muy pocas ganar de hacer las cosas bien. La sensación de cliente satisfecho no puede ser más negativa. ¿cómo es posible que se gasten ese dineral en decoración - aunque en algunas salas parece que se les acabó el dinero a la mitad- y en algo tan importante como atender a los que les dan de comer - dándoles de comer- lo descuiden de semejante forma? .

O cambian, o les aseguro que la gente -incluso la mayor- de este barrio, no es tonta... y el boca a oido funciona de maravilla aquí (y no solo para hablar, que el puterío en las navidades llega a límites insospechados). Bueno, pese a esta crítica constructiva, estoy seguro que me dejaré caer alguna vez más, sobre todo si es con tan buena compañía, porque como están recién abiertos, pues se les perdona todo, o casi todo.

Menos mal que ya se está acabando esto de las navidades. Mañana voy a cenar encantado a casa de la madre de C- que pone su piel en la mesa si hace falta para agradar a sus convidados- , pero te juro que me quedaba encantado en casa, con mis doce uvas en la mesilla, y con ganas de dormir al oir las campanadas y de volver a soñar. No soy tremendamente supersticioso, pero espero que el mero cambio de año - y de numerito- nos traiga alguna buena noticia que esperamos desde hace tiempo.

Debe ser que lo del 2005 y lo de "por el culo te la hinco" rima de verdad. Espero que el 2006 no rime con nada... y si lo hace que sea para bien. 2006, aventuras tendreis, que me dijo uno el otro dia... pues bienvenidas sean. Estaremos más preparados que nunca.

jueves, diciembre 29, 2005

 

Porque no te merezco

Es la primera vez que escribo un post dedicado a una persona, a un@ de mis lector@s . Pido perdón al resto - no creo que entiendan mucho de lo que aquí voy a escribir- pero creo que me lo va (¿me lo vas?) a agradecer dado que se que será -serás- de los primeros - y seguramente el único- en entenderme. Ayer tuve una de las peores tardes de mi vida. Sin lógica ni razón, cuando la temperatura en Madrid era de las más bajas que nunca se han sentido, me calló un jarro de agua casi congelada con pedacitos de hielo desde el primer pelo de la cabeza hasta el último dedo del pie. Me imagino que la vida no deja de sorprenderme en cada uno de los segundos que me ofrece, y ayer tocaba. Menudo día de los santos inocentes, me hubiera encantado que fuera una broma más de las que nunca he podido aguantar. Pero no. Su historia, tu historia, es real como la vida misma. Y yo no voy a desaparecer como si nada me hubieras contado, aunque puedas pensar lo contrario. ...

Un terreno neutro, que no marcara territorios de actuación. Qué miedo me dan estos sitios donde pueden fraguarse guerras injustas. Así me lo pediste y yo cedí.Preparándome para lo peor nos dirigimos a un café de la esquina de la calle Alcalá con Castelló, en Madrid. No necesitaba preparación ni rodeos para escuchar o para sentir. Las malas noticias me gustan saberlas de sopetón, y prefiero recibir la ostia de una vez por todas, sin necesidad de poner un almohadón cubierto de vaselina para amortiguarla. Luego ya habrá tiempo para consuelos y preparaciones, para abrir los ojos y aprender de lo que la realidad enseña cada día. De vez en cuando este tipo de leches viene bien para saber que no tengo ningun derecho a quejarme, ni siquiera a exigir una felicidad que a lo mejor no necesito o que, con total seguridad, me corresponde menos que a otros.

No voy a contarte que pasó porque tú lo viviste en primera persona, y no quiero ofrecer detalles a lectores inconexos y desconocidos porque quiero que solo tú entiendas el motivo de mi grito desgarrador. La soledad que me acompaña me ha susurrado que no debo hacerlo. Ni siquiera con tu autorización. No quiero. Sólo sé que desde ayer, como te dije, me pongo como objetivo el ayudarte a seguir andando, corriendo, sin pedir nada a cambio.

Y no estoy dispuesto a que lo afrontes con la misma soledad que hoy me susurra palabras sin sentido y contradicciones permanentes. Siempre y cuando tú quieras, me tendrás allí, como una puta sombra, haciéndote pasar buenos ratos con mis coñas y mis bobadas, como payaso de un circo que ayer decidí construir para ti. Hoy me cuesta más ver que la vida es maravillosa, pero con personas como tú , con tu fuerza y tu optimismo, se que algun día tendremos la suerte, como tu dijiste, de encontrar aquello que nos merecemos.

No soy quien ni sé cómo hacerlo. Ahora no. Pero da por seguro , que aunque no te merezca, no desapareceré aunque quieras ponermelo fácil, como quitandome una culpa que estamos seguros que no existe. Dios nos dio la posibilidad de cruzar nuestros caminos, pero entre los dos hemos decidido seguir andando sin preocuparnos de las malas hierbas que nacen de la misma tierra que pisamos, mirando al frente en la misma dirección. A veces es mejor. Al principio será sin mediar palabra. Creo que es necesario y será mejor para los dos. Solo el tiempo será capaz de certificarlo o cuestionarlo.

Porque no te merezco, por eso, y sólo por eso, hoy quiero seguir mirando hacia el futuro con esperanza, aprendiendo de alguien que como tu, puede aportarme tanto. Gracias por darme la oportunidad. No la voy a rechazar, te lo aseguro.

sábado, diciembre 24, 2005

 

Y llegó la Navidad, y la primera cena.

Parece mentira. Estoy seguro que algún día empezaremos a vivir la Navidad cuando estemos volviendo de Tarifa. No se si es una medida comercial o alguna forma especial de tocar las pelotas de forma permanente durante tiempo. Pero si. La Navidad está aquí, por fin ha llegado, y por fin se va. Y yo, que aprovecho para seguir haciendo lo mismo de todos los días. Es mi particular forma de vivirla. Bueno, lo mismo no. Ahora no lo hago solo. De momento.

Ayer fui a ver con C King Kong. Además de aguantar uno de esos cines multitudinarios lleno de niños adolescentes con infinitas salas y cubos de palomitas tentadores, me tuve que tragar 3 horas y media de un mono gigante que pasea a sus anchas por medio mundo y escala el Empire como si de una construcción de Lego se tratara. Menudo coñazo. La primera hora y media de película, además de no pasar absolutamente nada, nos lleva a un paisaje en una isla casi desierta llena de bichos insufribles que aparecen en manadas atacando permanentemente a los supuestos conquistadores del paraíso. A base de unas secuencias mal rodadas y cuando ya crees que todo lo que puede pasar ya ha pasado mediante unos efectos especiales peor producidos, aparecen de nuevo robots con dientes enormes que pretendían asustar a un tio como yo, que lo único que intentaba era dormir una plácida siesta. Eso es lo que yo valoro de la amistad...

Y ya por la noche, y en mi particular historia de dejar de fumar me dispuse a buscar un restaurante donde se hiciera semejante distinción, como si cada vez que entrara me dieran un premio al más valiente. Y es que empiezan a crear zonas de no fumadores que son infinitamente mejores que las infectadas de humo traicionero. Es el caso del sótano del indio Mumbai Masala, donde las telas y las velas te trasladan a un chill out lounge ideal para... una primera cena. Una cena exótica con un buen vino, con platos que llevaban picante por los cuatro costados, y un camarero que no es capaz de decir cuántas especias lleva el curry (ni creo que lo sepa nunca; la manía de poner camareros cubanos en un indio). Familias enteras que van a un indio como si fueran al parque de atracciones. Despedidas de solteras donde todas las integrantes saben que la futura novia no tiene futuro como esposa. Hombres colgados que pasan su vida experimentando nuevos sitios en su soledad. Y nosotros, en nuestro mundo, como si nada pasara alrededor. Incluso ya opto por descalzarme y probar que el pie puede hacer muchas mas cosas que posarse sobre el suelo... Y creo que solo lo descubro yo...

Pero irremediablemente uno termina durmiendo solo, a pesar de haber convocado a todo el CSI en la escalera de tu casa después de una locura de jadeos y buenos - y probablemente irrepetibles- momentos. Allí donde cada día recoges las cartas con formato de facturas impagadas, dejas la huella de un calentón a tiempo. Y al día siguiente pasas por delante como si nada. Pero una ligera sonrisa demuestra que todavía tienes tiempo y ganas para hacer lo que siempre soñaste hacer. No quiero dar gritos de alegría, sino de esperanza. Todo llegará, todo se repetirá, si el tiempo quiere jugar con nosotros.

Por la mañana acudo al Mallorca de Velázquez. Mis padres me han pedido que esta Nochebuena me encargue de los aperitivos. Y yo encantado, porque los va a pagar mi empresa con todos los cheques de comida del año que nunca consumo por estar de viaje. Escuchando la infinitamente tranquila música de George Winston a través de la i-pod mientras espero, me doy cuenta de que incluso en el Barrio de Salamanca, hay gente que hoy cenará acompañada de su más profunda soledad. Y entonces pienso que la Navidad no solo es triste para mí. Ni siquiera puedo tener el lujo de llamarla triste. Porque lo verdaderemente desgarrador es ver cómo una señora cercana ya a los 80, pide con un hilo de voz tremendamente apagado, su ración individual de pasteles. Ella se quiere dar un homenaje en el día en que su gente, la de toda la vida, ha hecho oidos sordos a su soledad para celebrarlo en paralelo sin ningún escrúpulo. La abuela ya está mayor y ni siquiera sabe que hoy es Navidad.

Y una mierda.

domingo, diciembre 18, 2005

 

Match point: elegir o desaparecer del mapa


Ayer sábado, en un ataque originado por la temprana y tremenda Navidad-sobre todo cuando empiezan a cantar villancicos en todos lados-, salí descopetado de casa a buscar un nuevo televisor para mi dormitorio. Difícil elección. Nos pasamos la vida decidiendo, y en esos procesos se nos va la mente y las ganas de pensar en nosotros mismos para invertir nuestro preciado tiempo en gilipolleces con formato de caja tonta y que ahora hacen llamarse "pantallas planas". En fin, que escogí la que más me gustaba estéticamente después de escuchar miles de características absurdas que los fabricantes crean para distraer al inocente y febril consumidor que solo quiere ver Aída una noche de domingo y algún telediario no contaminado que le cuente qué está pasando fuera.

Tras destinar un buen rato en tan absurda elección pasamos - no iba solo- por el cine Callao donde seguían poniendo la última película de Woody Allen, la que hace homenaje a ese deporte que llaman Tenis, mediante una metáfora permanente entre pelotas que van de un lado a otro. Y es que match point trata de eso. De cómo un hombre, aparentemente feliz en un matrimonio -abocado al fracaso-, mantiene una relación en paralelo como tirando pelotas hacia el campo de enfrente y sabiendo que tarde o temprano alguien se las tirará con una fuerza igual o mayor a la suya. Porque al fin y al cabo, el amor y los cuernos es un partido de tenis que visto desde fuera, no deja de ser un mareo entre la izquierda y la derecha y donde nadie es ganador ni perdedor. Al final todo se sabe. Ya sea por intuición propia o porque circunstancias ajenas a la propia pareja te hagan ver más allá de la luz que aparentemente surje de la emoción conjunta de cada día, que termina por ser inexistente con el paso de los años, o -como en la película- desde el primer segundo.

La trama está bien conseguida. Los personajes cumplen bien su papel; desarrollan al máximo su rol inocente o perverso, e incluso alguna escena se sube de tono para diferenciar en segundos una pasión -que siempre termina por desaparecer- de una relación supuestamente eterna. Y es que cada vez estoy más de acuerdo con que deberían dar permisividad en el matrimonio - dentro y fuera de él- para poner unos cuernos de vez en cuando. Ahora que van a prohibir fumar hasta en tu casa - yo sigo erre que erre sin meter un puto pitillo en mi boca-, que la prostitución va a pasar a la historia - aunque dejarán que algún amante siga comprando anillos en Suárez como recompensa a un revolcón-, y que no vamos a poder pasar de 90 en carreteras tercermundistas, podrían recompensarnos con una buena cornamenta a medida pactada con nuestras parejas como regalo de Navidad.

Por supuesto que no hablo en serio. Iría en contra de todo lo que escribo y todavía más de lo que pienso. Pero es que esto de las infidelidades está a la orden del día. Y si no tienes pareja, no te preocupes. Basta que encuentres a alguien que te haga tilín para poner tu mano en el fuego a que su corazón (el de arriba o el de abajo), está ocupado y no te queda más remedio que tragar con lo que venga en su mochila. Y una leche. La gente seguirá en sus trece, haciéndote ver que la vida es fácil si no te la complicas con tus pensamientos o tus historias mentales para niños.

Elegir. Un televisor, un amante, o una mujer de carretera. En eso consiste todo. También tienes la opción de desaparecer del mapa, pero luego no intentes exigir nada a nadie porque perdiste tu turno para jugar en la ruleta del amor no correspondido o compartido conscientemente. A jugar, que decía el pobre Joaquín.

Y aunque pude parecer distraido, el argumento me vino al pelo....

miércoles, diciembre 14, 2005

 

Una boda feliz donde no pude ver que el futuro de África es negro

Este fin de semana pasado tuve la boda de mi amiga P, ¿recuerdas?, la que se va a vivir a Badajoz. La verdad es que fue una de las pocas bodas en las que pueda decir de verdad que me lo pasé genial. Rodeado de amig@s, de l@s de verdad, bailando sin parar hasta altas horas, y con ganas de que no acabara nunca. P, y su actual marido A, decidieron casarse en una de las iglesias de Madrid, que junto con los Jerónimos, más permite a la novia lucir todo su esplendor en el día más importante de su vida: la iglesia de Santa Bárbara. La verdad es que siendo testigo de la boda, estando sentado en el mismo altar, y sabiendo las barbaridades que he escrito en este blog en contra de la iglesia católica como institución, todavía no entiendo cómo el cura no me echó nada más verme (presuponiendo que él supiera que yo estoy detrás de estas palabras mal escritas).

Y luego, al Hotel Palace. Magnífico lugar que con la decoración que realizó Ramiro Jofre – uno de los mejores organizadores de fiestas en España y el número uno en cuanto a los detalles con clase y buen gusto-, hacía que quisieras quedarte a vivir allí. Los centros de flores que salían verticalmente de tubos de cristal muy altos que permitían verse las caras, la iluminación en tonos rojos y blancos que daban un aspecto tenue y relajante, y el cuidado de la presentación de las mesas impresionó a los invitados – y a mi mismo – desde el primer momento. Además, buena música de DJ, buen flamenco, y una novia radiante de felicidad y de belleza –qué guapa estaba - en el día más feliz de su existencia. Aunque esta boda surgió de otra boda (los novios se conocieron en otro enlace anterior), me temo que del otro día no salió ningún affair digno de mención. Al menos en mi caso, donde, conociendo a la mayor parte de la gente, lo tenía más difícil que el resto. Mucha de la gente que se aburría en el salón de al lado, en otra boda probablemente mucho más coñazo que la nuestra, se unió a nuestras risas, nuestro cashondeo, y a nuestro baile. Mucho bailar y poco f… que diría una amiga. En fin todo llegará. Desde aquí, tal y como lo hice aquel día, deseo al nuevo matrimonio (ahora que está tan de moda la palabrita) un mundo lleno de felicidad, y que lo sigan compartiendo con nosotros…

Ayer estuve en cambio en algo mucho más serio -aunque no por eso me lo pasara peor- en el restaurante nuevo que Sergi Arola ha montado, con una decoración minimalista al máximo, en la parte trasera del Museo Reina Sofía. Igualmente el lugar llama la atención desde el primer momento sobre todo por el juego con diferentes alturas a modo de barras y de mesas donde cenar en buena compañía, además de una iluminación también espectacular. Es una pena que la comida del sitio no solo no sea excelente, sino que la podría calificar de inexistente. Era un cocktail benéfico que daba la fundación AMREF Flying doctors, una ONG que lleva muchos años realizando proyectos benéficos en Africa, sin intermediarios, y con un 97% de su plantilla compuesta por habitantes de los países más pobres del mundo. Gran labor, y enorme poder de convocatoria. Me encontré a miles de amigos –algunos a los que no veía hace siglos- con los que brindé por el final de estas fiestas y por un reencuentro que espero se produzca más a menudo. Incluso algunos llegaron encantados (M y J), después de un concierto donde asistió hasta la mujer de ZP, y que presupuse soporífero, en el Auditorio de Madrid. Total que me puse a vender papeletas como un loco para los regalos que se sorteaban y alguno incluso me sacó un billete de 500 euros que hizo que una niña que allí se encontraba presente (como representación de los miles que mueren cada día en Africa de hambre, enfermedad, y soledad) me sonrió con una mirada que hizo que el mundo me pareciera reducido por un momento a la felicidad que asomaba de su pupila. Debería hacer muchas más cosas como la de ayer que me dan paz conmigo mismo y que hacen felices -como nunca- a los demás.

Estoy llegando a Sevilla y la oscuridad va entrando por la ventana del Ave como haciendo ver que el invierno y el frío van llegando a lo más profundo de nuestros huesos. Me pondré el abrigo, porque parece que la Navidad también ha llegado a la estación de Santa Justa, como nunca antes había aparecido.

jueves, diciembre 08, 2005

 

New York, Small world, Jet Lag y otros recuerdos


Llevo un tiempo perdido. Lo se, y tienes todo el derecho del mundo a quejarte. Aterricé esta mañana desde Nueva York, y ahora estoy sufriendo los excesos de un Jet Lag que sin duda será perjudicial para mi salud. Siempre me queda la posibilidad de salir a emborracharme en esta ciudad que nunca duerme. Me hace gracia, porque llevo un mes que no paro un segundo, tanto en el trabajo como a nivel personal, pero estoy repleto de energía, como si algo o alguien que está (sin duda) por llegar fuera a comerse en un momento tanta fuerza acumulada.

De Nueva York tengo poco que decir que no sepas ya. Nos fuimos C,G, M y servidor a casa de K, un piso 41 en la 72nd con vistas al río -con sus puentes repletos de tráfico día y noche- y a los rascacielos más famosos del mundo. Me sigue impresionando esta ciudad. Es facil descubrir que soy un turista accidental si observas atentamente mi cabeza mirando hacia el firmamento de forma permanente intentando alcanzar con la mirada las enormes torres que te rodean. Caminando por la calle te das cuentas cómo la gran manzana es una ciudad abierta a todas las culturas, razas, religiones, y personajes de todo tipo. Y como me encanta observar a la gente, me puedo pasar horas sentado en la acera de Times Square, frente a las taquillas de los teatros de Broadway, sencillamente viendo pasar a un@s y otr@s como si fuera una butaca más de uno de los musicales que allí se representan cada día. La gente en esta ciudad es capaz de llorar por patinar unos minutos en Rockefeller, disfruta tomando de un perrito a menos seis grados bajo cero, y no existen los complejos. Gritos en plena calle, trajes imposibles, mujeres casi desnudas con la nieve cayendo de un cielo oscuro, y muchas sonrisas inconexas.

Muchas compras, pies destrozados, algún que otro catarro mal curado en el grupo y buenos amigos pasando buenos ratos en lugares espectaculares. Qué más puedo pedir para una semana de vacaciones. Si tuviera que destacar algo, sin duda sería mi rabia de no poder pasar más tiempo en el Met, lo impresionante de las reformas en las tiendas del Soho (por citar algunas, no dejes de ir a la de Apple y a la de Prada), la pena de no haber podido conseguir entradas para el musical del momento - Wicked - , la espectacularidad de las rockettes en el Radio City, y la hospitalidad de K.

Como compras que merezcan la pena y que han agotado mi Amex, puedo decir que por fin tengo una cámara en condiciones (para los entendidos en fotográfía les puedo decir cual es sin ánimo de hacer publicidad-la foto de arriba la hice ayer); he pasado a formar parte de la secta Ipod (increible las reuniones que hacen en la tienda del Soho solo para intercambiar conocimientos, fundas de cuero de todos los colores, o sencillamente dejarse ver entre la gente más trendy del Downtown Manhattan) . Y además, algo de ropa que con total seguridad no es necesaria en mi armario (al menos por ahora).

Tengo que terminar de escribir los Xmas que compré en el Moma. (por qué se está perdiendo la costumbre de felicitar el año por escrito y por carta?). De mayor quiero poner una papelería como cualquiera de las que te cruzas caminando por las avenidas de la ciudad. Me puedo pasar horas mirando cómo siguen cuidando de forma casi artesanal todo lo relacionado con invitaciones, tarjetas, libretas, o simples bolígrafos que no pasan desapercibidos a un mortal antiguo como yo...

Bueno, y como colofón anticipo de Navidad, me han admitido en la comunidad virtual " a small world". Todavía no se bien para qué sirve, pero en los últimos meses he oído a gente que hubiera estado dispuesta a dar lo que fuera por estar dentro de tan preciado círculo. Fundamentalmente consiste en un grupo de amigos tremendamente restringido de todas las ciudades del mundo con una extraña afición que se llama "vivir bien con mucho dinero". A mi siempre me encantó la primera parte de la frase. Veo que en la lista española no aparece Alessandro Lecquio y me preocupa. Le podría haber preguntado hoy en el avión - viajaba con su futura mujer en la misma clase que nosotros, unos turistas accidentales). A lo mejor es que nadie todavía le ha explicado para qué coño sirve esto. Te contaré más en cuanto me entere.

Y por último, y para no aburrirte, la cita del día: "El amor sin admiración solo es amistad". Lo dijo George Sand y qué razón tenía. Hoy ya tengo una razón más para estar soltero y no sufrir en el intento...

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