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sábado, abril 29, 2006

 

Sevilla tiene un color especial: el albero de mis zapatos


Recién llegado de mi primera feria. Y no se si atreverme a decir que será la última. Nunca entendí (pero ni de los sevillanos ni de nadie), su interés desmesurado en pasarlo bien de forma obligatoria. Y es que la feria, más allá de 1200 casetas, es una botellona multitudinaria -como allí dicen- de Cruzcampo y Seven Up Manchado de manzanilla de Sanlúcar(rebujito de los cojones, que entra en el cuerpo como si fuera agua, y al día siguiente te alieniza con formato de martillazo en la cabeza). Así que no comprendo la afición desmesurada que tiene mi madre por el flamenco y todo lo que ello conlleva. Ya lo decía mi abuela : "ese odio no es bueno, da por seguro que te casarás con una andaluza". Pues tendré que esperar un poco más. Digo yo. Menos mal que D supo darme una vuelta para ver aquéllo desde otra perspectiva. Fue suficiente como para mancharme de albero los zapatos, que es como sabe allí la gente si te has pasado por las casetas... Por cierto, cómo cambian con el amor ciertas personas. Que les dure mucho.

Este puente del mes de Mayo me he quedado, para variar, en mi Madrid querido. Ha hecho un tiempo estupendo, daba ganas de salir a la calle a enfrentarse con el polen que volaba en los alrededores del Retiro. Cómo cambia todo. Parece mentira que el parque que 50 años atrás sólo se visitaba por los afortunados vecinos con vistas al paraíso, hoy es el edén de miles de extranjeros que aprovechan el día de los trabajadores para hacerse fotos. Porque con la proliferación de las cámaras digitales no hay un milímetro que no quede plasmado en un archivo con numeración ilegible. No tengo ni idea de qué es lo que hace la gente con tanta foto. Pero estoy seguro que los fabricantes de discos duros deben andar frotándose las manos. Si por cada foto que tiraran se comprometieran a limpiar (o al menos a no ensuciar) el espacio que por el objetivo sale el Retiro sería otra cosa. En fin, que se está echando a perder. Y la falta de civismo no se enseña al entrar por la frontera, ni siquiera por llevar la nacionalidad española en el dni.

Total que me he comprado los últimos juegos de la play, 4 películas que me harán llorar, una que me ha hecho reir (ha sido la única que he visto y prometo que la escogí al azar), y un sin fin de museos que me esperaban con las puertas abiertas y que sin duda lloran mi ausencia una vez más. Sí que te recomiendo la exposición de fotografía de Chema Madoz, que ha sido una de las pocas de las que he podido disfrutar. Siempre me gustaron las imágenes que esconden un tercer sentido que no se aprecia a la primera. Igual que con el humor inteligente, el fotógrafo recorre un sin fin de objetos que hablan por sí mismos dejando mensajes inconexos a primera vista, pero que van cobrando sentido en su conjunto.

La tarde se ha nublado. No se por qué el sol ha descubierto que las vacaciones se acaban, y espero que tan sólo decida esconderse tres días, lo justo para que llegue el viernes por la noche, y disfrutar de una calurosa cena con mis amigos. Se fueron todos, pero mañana estarán de vuelta. Escucho de fondo a Coti, y descubro nuevos sentidos a sus letras que me hacen pensar. Espero que no lo suficiente como para que tener que medicarme, aunque me alegro que otros lo hagan por mi. Las letras con sangre entran. Por cierto, que también te recomiendo el último de la Oreja de Van Gogh, "Guapa". Parece que la tristeza ha estado presente en los últimos momentos de los donostiarras, o que han querido plasmar de cierta nostalgia todas sus letras. Pues era lo que me faltaba... Menos mal que queda menos para Tarifa. Ya reservé habitación. Y Agosto está a la vuelta de la esquina. Falta me hace. Por cierto, y ya que hablo de Cádiz, os recomiendo el blog de un amigo, que me sorprende con cada post que escupe de sus dedos. Se llama "De la arena al cemento armado ".

"Como esos cuadros que aun estan por colgar, como el mantel de la cena de ayer, siempre esperando que te diga algo más, y mis sentidas palabras no quieren volar" La Oreja de Van Gogh, Guapa, tema número 2, muñeca de trapo.

sábado, abril 22, 2006

 

Golpeando con fuerza en mi ventana


Me apasiona oir la lluvia golpeando con fuerza en mi ventana. Hoy caían pedruscos del cielo, como avisando que lo peor siempre puede llegar. Pero luego ha salido el sol, apenas unos segundos después. Sin duda, el de arriba tiene un día desequilibrado. Como el mío. Esta semana ha estado llena de sobresaltos, con noticias que llegan con formato de muerte repentina. Y la muerte, cuando aparece con un bote de pastillas sin etiquetar, duele. Y lo hace más por lo que no hice que por lo que ahora pueda llorar...

Ella solo tenía 43 años. Apenas comenzando una vida en soledad. Como la mía. Pero con muchas más razones para desaparecer. De hecho, no era la primera vez que lo intentaba. Yo jamás lo hice, pero te mentiría si en algún momento no se me pasó por la cabeza. Dejar todo a un lado de la cuneta sin parar de pisar el acelerador... nunca tuve huevos. Hasta en el momento de abandonar me aparece el miedo. No tengo cojones. Ni espero tenerlos nunca. Para esto no. Dejo mucho más de lo que encontraría al otro lado.

Ayer fue el funeral. Medio Opus Dei metido allí. Al padre que ofrendaba la misa, sin saber lo que le esperaba, se le acabaron las ostias sagradas mientras daba la comunión. Mi hermano J, avispado donde los haya, intentó sacarme una sonrisa: "eso es lo que yo llamo heavy users hermano. Lo demás son tonterías". Pocas lágrimas. Las que hubo, muy sentidas, como cuando una gotera nace después de hacer una balsa de agua en el techo del piso de arriba. El resto, cuanto menos, desconcertado. Tanto Opus. Y no vale para nada. Para nada.

Ella se estará descojonando ahora. Desde algún lado que todavía no queda lejos. Se ríe en solitario, tal y como se fue. Tuvo la paciencia para dejar todo en orden, como nuestros padres nos habían enseñado. Me da pena por el psiquiatra, debe ser duro saber que tu profesión puede irse al traste en segundos. Pero admiro su trabajo. Porque contra muros de acero, nunca hay tanques suficientes. Y no tengo ganas de empezar una tercera guerra mundial.

Un nuevo portal de Internet me ha impresionado. Calcula tu precio en el mercado, dependiendo de una serie de variables que lógicamente tiene que conocer primero. Aspectos como tu religión o el tamaño de tu amiguito quitan o ponen dólares a tu valoración. Absurdo. casi 2.500.000 de dólares. Menuda porquería. A quien herede por mí no le da ni para un piso en la Castellana. Esto de encontrar piso de alquiler en la zona norte de Madrid se está poniendo complicado. Me gustaba uno, pero van a realizar la ampliación de un cementerio justo delante de la terraza, y creo que no iba a caer bien a los muertos. Tanta inestabilidad les iba a hacer resucitar de nuevo, y no está el mundo como para venirse a vivir aquí.

Me pregunto qué hace la gente para ser sumamente habilidosa en aparecer y desaparecer justo en los momentos que más necesitas que hagan lo contrario de lo que hacen. Qué rallada mental. De nuevo, una enorme tormenta se aproxima hacia el parque del Retiro. Debe ser que con la granizada de antes, no he tenido bastante. Tanto golpear la ventana, y sigue cerrada desde esta mañana. Hoy no quiero oirte. Prefiero otro día. Que la lluvia me gusta, pero ahora que lo pienso y recapacito, en compañía es cuando de verdad me puede llegar a apasionar...

lunes, abril 10, 2006

 

Bienvenido a casa...y verás lo que te espera


Acabo de ver la última película de Trueba. Me ha gustado. Algo larga ( a veces parece que el cine español tiene que ser largo para ser bueno -¿o será para cobrar una subvención mayor?-). Pero unas estupendas interpretaciones y un argumento que no pasa desapercibido casi nunca. La convivencia como el principio del fin de la pareja.

A pesar de su conocida tendencia política, sería un gran error no apreciar la estupenda interpretación de Juan Echanove. Su papel, a mitad entre un camino cómico y otro tremendamente dramático aporta el equilibrio que le falta al argumento tan explotado en otras películas del pasado. Y es que el conocer la llegada de un niño en una pareja puede ser un elemento que ayude a unir -si las cosas van bien- o tremendamente destructor - en el caso de que la pareja lleve tiempo abocada a un fracaso-.

El otro día estuve con unos amigos cenando. Por cierto, si por alguna extraña casualidad se te ocurre ir al restaurante/bar/puticlub llamado bangaloo, no digas que yo te he mandado. No he visto un sitio con peor gusto, calidad de comida y atención al cliente, desde hace mucho tiempo. Mi adicción a este trabajo me obliga a veces a recordar que en el pasado yo tenía unos amigos que me querían. Y es que con tanto viaje, ni coincidimos ni me caben en la maleta. Y les sigo queriendo igual que antes, aun sabiendo que ellos se preocupan demasiado por mi. De verdad que no es mi intención desaparecer. Todo lo brillante que está siendo mi carrera profesional tiene una parte menos equivalente en lo que se refiere a mi faceta personal. Me imagino que quién inventó todo esto de la vida, se encargó que no pudieran ser las dos igual de buenas. Al menos en mi caso.

Me dejó impresionado un post que escribió Wolfo. Un día decidió hablar sobre el miedo y su particular visión del mismo, que coincide, y mucha, con la mía. El tiempo te enseña sin ninguna duda a ver las cosas de otra forma, a que la balanza vaya tomando forma, y pese siempre más un lado que el otro. Es difícil llegar al equilibrio, pero mientras tanto, aprendo lo que realmente es importante, lo que realmente justifica tus lágrimas y aquello que solo sirve para recordarte que el tiempo pasa inexplicablemente sin pedirte permiso alguno.

Esta Semana Santa he decido coger vacaciones, y quedarme en Madrid. Si acaso saldré algún día a comer algo fuera, a visitar algún amigo que ya me habrá borrado de su agenda, y a poner mi vida en orden. Hacienda me ha metido el palo del siglo por cambiarme de trabajo, y sin duda, por ganar dinero que no podré gastar sino en hacer nuevas carreteras que nos lleven a Marbella. Me lo tomaré con buen humor. Ganas no me faltan. Espero sobre todo, descansar, y ver que soy útil para la pared de casa colgando un cuadro que lleva meses tirado en plan galería americana.

Y al que se vaya, que se ponga protección. Verás como a la vuelta se encuentra con una gran casa que le espera con un gran cartel de bienvenida. Esperemos que no lo celebren todos a la vez. Esto puede ser la hecatombe del mes de abril. Y nuestra Santa Madre Iglesia no se lo merece. Están ocupados con las torrijas. Qué hambre tengo. Y no debo comer más... se me hace tarde... y mañana debo estar bien despierto. Por si acaso, iré a la cama, a ver si en el camino del encuentro con la almohada, aparece alguna novedad en mi vida que me alegre lo que me queda de noche.

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