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miércoles, agosto 23, 2006

 

Orgullo y prejuicio


Esto de tener vacaciones todo el día me gusta. Soy de los que afirmo que aburrirse es de personas poco inteligentes, así que tengo más cosas que hacer que cuando el trabajo ocupa cada segundo de mi tiempo. Viajar, dormir, comer, algo de deporte, cultura, y mucho sexo (bueno esto último mejor vamos a pasarlo a cuando tenga -de nuevo- alguien con quien tenerlo). La putada es que el 4 de Septiembre está a la vuelta.. y este año seguro que cae la depresión post vacacional que empieza a ser vocacional en lo que a mi se refiere.

Ayer por la tarde vi una de esas películas que merece la pena tener a mano para recuperarla a menudo y descubrir nuevas escenas que pasaron desapercibidas. En el siglo 18, el mundo de la conquista amorosa difería bastante del que hoy en día conocemos donde la libertad - y a veces el libertinaje - es total y absoluta. Por aquella época el enamoramiento consistia en "esperar esperando a que alguien te esperara". Porque como decían mis padres - y no hace falta que nos remontemos 3 siglos atrás- lo que ahora conocemos por discoteca, club y paddle antes se llamaba, con suerte, helado en el parque del Retiro. Ese era el plan más divertido que tenían. Volviendo a la película y a su época, el argumento recorre inteligentemente una historia de amor que como a mi me gusta difiere bastante de la clásica trama encuentro explosivo, crisis y final feliz. De hecho, hasta el final de la película no logras entender del todo qué es lo que está pasando por lo que el entretenimiento está asegurado. La ambientación de la época está perfectamente definida y refleja una Inglaterra llena de prejuicios y -muchas veces como hoy- de orgullos completamente infundados. La película merece la pena tan sólo con la interpretación de su protagonista, Keira Knightley, que llena la pantalla con su perdida mirada. Y sobre todo, y si te gusta, no dejes de verla en inglés para apreciar que hasta la entonación se corresponde con ese cortejo permanente que ocultaba tanta soledad y represión....

Acabo de llegar de Galicia, de un pazo cercano a La Coruña donde he pasado 4 días con C, G y J. Unos estupendos percebes, maravillosos acantilados donde te enfrentabas al sol en su puesta, y y un olor permanente a fresco que te ayudaba a olvidar el contaminado aire de Madrid. En mi maleta, un libro que no se si me ayuda o me confunde más a la hora de afrontar mi particular lucha con eso que llaman depresión (y que de momento no he catado). Se trata de El viaje a la felicidad de Eduardo Punset. Y analiza con una profundidad a veces demasiado técnica las claves científicas que demuestran qué es lo que pasa en nuestro cuerpo cuando somos felices y qué es lo que no pasa. No hace falta leer un libro así para saberlo, pero sí que es verdad que sobre todo en el caso de la depresión, ayuda a reflexionar sobre las motivaciones que nos llevan a cerrar nuestra mente a la posible mejoría. A veces llega hasta escandalizar, sobre todo cuando afirma que las clases sociales menos pudientes tienen mayor propensión a tener enfermedades que los ricos. Pues yo toco madera, llevo mucho tiempo sin coger una misera gripe, pero si te pudieras meter en mi cuenta corriente...harías un campeonato de eco y ganarías. Pues eso, que el libro, si te gusta la medicina científica y la vida real es recomendable.

Ya me queda menos para mi añorada Tarifa. Confío en que el Levante no me juegue malas pasadas y se quede dormido en alguna cala de Almería. Allí me llevo la PSP, el Ipod, y otro buen libro : La Catedral del mar. Y unas ganas enormes de desconectar, de descansar, de abandonar mis zalamerías (como alguno dice). Así que prometo llegar con las pilas bien puestas para hacerte pasar un año de escándalo. Que así sea.

La mayor parte de nuestra felicidad o desdicha depende de nuestra disposición y no de nuestras circunstancias. Martha Washington

jueves, agosto 10, 2006

 

Consultando con mi otra almohada


El famoso paleontólogo Juan Luis Arsuaga, que fue conocido por su actividad en Atapuerca (Burgos), anunció ayer que el 15 de Agosto comenzará unas excavaciones en Pinilla del Valle (Madrid) para buscar restos de neanderthales. Digo yo que por qué se va tan lejos, que en la misma capital tenemos ejemplares que bien podrían recibir dicha calificación (y que están vivos y coleando).

Cuando uno va madurando, tendemos a escuchar más nuestro interior y algo menos a los que nos rodean. Además, con las leches que nos da la vida de vez en cuando maduramos hasta el último segundo de nuestras vidas y no debemos desperdiciar ni un ápice de aprendizaje que nos ayude a afrontar con una mayor sabiduría la infelicidad acogida con resignación. Sobre todo porque te das cuenta que no hay nadie como tú para valorar si algo (o alguien en este caso) te conviene o no. Y es que además ya no es un tema de conveniencia, sino de apuesta.

Como en el mejor de los casinos, decides apostar por una relación que no sabes cómo acabará (si es que algún día decide llegar a su fin). Es un proceso largo, pero no es comparable a la sensación que te produce dormir con alguien a tu lado, que te genera un insomnio repentino que nunca puedes valorar (si, en el momento está bien, pero cuando llevas 25 bostezos en la oficina empiezas a pensar que algo no funciona). La verdad –sea dicha- es que el que te abracen de vez en cuando viene al pelo para olvidarte de la necesidad de comprar un nuevo colchón. Y si ese abrazo viene acompañado de un orgasmo (o de varios), ni te cuento. Qué raro se te hace ver tu cama ocupada cuando llevaba tanto tiempo vacía. Y que reconfortarte es despertar por las mañanas… y ver que la consulta con la almohada que no es la tuya por una vez te responde.

Como complemento a mi situación de adaptación personal, llevo días buscando nueva cama y nuevo piso. Aunque aparentemente ambas cosas no tienen nada que ver, si que guardan un objetivo común, que es rozar la tangente de la comodidad – y por ende la felicidad - con más frecuencia. Mi vida, por tanto, sigue en constante ebullición, como buscando excusas para no aburrirme. Con respecto al colchón, tengo serias dudas si la secta del Tempur me va a beneficiar tanto como me prometen. Esta marca de colchones, cuyo precio es abusivo para la gran mayoría, promete un cambio de vida casi instantáneo. Según C y algún otro conocido, no deja de ser un timo en cubierto apoyado por una gran campaña con la NASA como protagonista. Lo que nadie dice es que la ingravidez del espacio sideral te impide dormir en condiciones –sin atarse con correas casi sadomasoquistas- , y que este material tan cotizado sirvió – y sirve- sólo para amortiguar la fuerza con que las naves despegan de este planeta tierra. Al final terminaré comprando uno de látex natural y seguro que mi mente y mi bolsillo me lo agradece. Ya te contaré cómo acaba esta historia.

Con respecto a lo del piso, parece que también está complicado, aunque ya me he puesto como fecha límite el 1 de Octubre para obligarme a hacer el cambio. Los propietarios con los que hablas al buscar casa se molestan con preguntas tales como la orientación, algo que a mi me parece fundamental para saber cuándo voy a tener luz que entre por la ventana. El problema de mi apartamento actual (además de estar pagando el valor del metro cuadrado en el Barrio de Salamanca) es que entra poco (o nada) el sol y que mis vecinos se empiezan a cansar de mis desnudos veraniegos al otro lado de la calle. Y es que, ya que busco y puedo pedir, me gustaría tener alguna vista, aunque fuera a un cementerio. Seguro que los muertos me hacen la ola ante el despropósito de mi desnudo infinitamente mejor que la aburrida pareja (llevará más de 3 años de matrimonio) que invierte sus horas mirándome frente al balcón. Cualquier día de estos me compro una bacaladera de las antiguas y les pido la visa para hacer negocio.

De vez en cuando sale mi faceta Neanderthal oculta en lo más profunda de mi mente. Y es que cuando de sexo se trata, soy un verdadero animal que busca placer y lo da en su justa medida. Con el tiempo, veremos si más allá de los estupendos orgasmos que uno consigue, la otra almohada de la cama sigue respondiendo con el fresco matutino del verano.

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