miércoles, septiembre 27, 2006
----------------Ni un pelo de tonto-----------------

Mi ritmo de viajes ya ha cogido su habitual velocidad y esta semana ya he pasado por Madrid, por Valencia (donde estoy ahora) y me queda - en esta caso ya puedo decir nos queda - Cartagena. Así que con esta vida comparable a la de Fernando Alonso en su mejor momento, no me queda más remedio que aprovechar cualquier minuto para hacer las cosas propias de cada uno. Y entre las cosas propias incluyo cortarme el pelo. El de la cabeza. El poco que me queda. Porque aunque te parezca mentira, también me corto el pelo, de vez en cuando. Aunque solo sea por el simple hecho de pensar que todavía tengo algo que cortar. (¿?)
Las peluquerías para señores (odio la palabra caballero para nombrar a alguien que no tenga un caballo esperando en la puerta), han cambiado considerablemente en los últimos años. Y no sólo desde el punto de vista estético, que han ido mejor, sino también en la carta que se nos ofrece para hacernos un cuidado que va mucho más allá de subirnos un centímetro la patilla. De hecho, como en quirófano, hay todavía algunas de las disciplinas que no se ni lo que son, ni para lo que sirven. Por poner un ejemplo, hablemos de la Oligoterapia, que es "un tratamiento de estética con naturopatía". Y yo he buscado como un loco en Valencia una peluquería donde me corten el pelo en bolas, pero no lo he conseguido. Digo yo que irán por ahí los tiros. Claro que si nos dejamos llevar por la etimología de la palabra, por fin he descubierto la causa de que mi ex jefa fuera oligofrénica. A buenas horas, mangas verdes.
El caso es que para dejarme de complicaciones me he ido al Corte Inglés de Valencia donde normalmente suelen tener buenas peluquerías con buenos peluquer@s . De hecho, y una vez visto el resultado tras aplicar la máquina de rasurar al nivel dos, no tengo ninguna queja especial exceptuando los 25 euros que me han pulido por algo que no vale ni tres. Aprovechando lo extenso de la carta, y dado que no soy muy hábil en elegir entre tantas opciones y no era la ocasión, he aprovechado para ver qué se hacía el resto de los clientes, y me he llevado gratas sorpresas. Por ejemplo, un señor que sobrepasaba los sesenta, se hacía una limpieza de cutis por primera vez. La esteticien, rubia de bote con entradas de color negro azabache, intentaba convencerle de que la parienta iba a agradecerle semejante esfuerzo (la buena limpieza duele, señor@s) . El dudaba que su parienta reconociera lo más mínimo su cambio de cara, dado que jamás -y menos con esa edad- uno cambia el careto por someterse a unas expertas uñas con manos. Pero la steticien insistía... Ole sus huevos... bueno, sus ovarios. Y pobre hombre...
Reconozco que los hombres somos muy torpes para valorar lo que las mujeres se hacen en los salones de belleza. A veces incluso nos preguntan: "¿no me notas nada nuevo?". Yo casi siempre miro a los zapatos, por si acaso, pero casi siempre suele ser un toque de hena o una mecha más. Y no soy tan observador... o al menos no me esfuerzo en serlo. ¿somos todos los tíos iguales? O realmente cuando alguien nos atrae sexualmente notamos hasta el cambio de gel de baño. Yo creo que esto último es lo que más se acerca a mi postura, y eso que ahora, con el pelo despejado de la cara, mi olfato se ha desarrollado. Por lo menos, para oler que no tengo ni un pelo de tonto...
jueves, septiembre 21, 2006
Dormir Contigo

Voy de romántico. Lo advierto para no herir sensibilidades. Dormir contigo, además de ser el título de una balada de Luis Miguel, es un pensamiento que venía rondando por mi cabeza desde hace ya tiempo, como resumen de un paso fundamental para dar por vista buena una relación que parece destinada a tener un final feliz (y con final no evoco una ruptura sino la seguridad de que esta historia, ojalá LA HISTORIA, tiene muy buena pinta) . Todo lo demás sobra si mi lado izquierdo de la cama está lleno. Y hoy me he levantado y lo he podido comprobar con mis propios ojos, casi por arte de magia y sin haberlo soñado. Alguien me ha despertado con una caricia. Y ha sido la leche.
No he dormido nada, o prácticamente nada. Tan sólo los últimos minutos pude conciliar un sueño que hace días se presentaba aterrador y que hoy se traducía en un miedo a que desaparecieran las caricias que tanto me habían relajado. Creo que forma parte del protocolo de conocer a tu pareja, pero me hubiera quedado sin dormir muchas noches como ésta sin rechistar lo más mínimo. De hecho creo que he descansado más así que emitiendo ronquidos aterradores de león hambriento. Tampoco hemos estado abrazándonos toda la noche. Hubiéramos tenido calor y no era el objetivo, si es que había alguno. Pero el cruce de miradas, y sobre todo los roces pensados con la cabeza y con el corazón han sustituido sin duda y con creces el abrazo más profundo de una noche llena de insomnio apaciguante.
De momento no me puedo quejar. El amor llega cuando menos te lo esperas. Hoy pongo la mano en el fuego para afirmarlo. Y las zalamerías no tenían otro objetivo que ocupar ese sitio de la cama, que implica mucho más que la invasión de un territorio hasta ahora vacío. De momento me impongo una promesa. Y se traduce en esforzarme al máximo en que “esto” salga bien. Empezaba ya a estar muy harto, perdiendo todo atisbo de esperanza, como haciéndome ver que no era yo sino que el mundo había decidido declararme su particular guerra. Y te juro que he descubierto que la única batalla abierta era la que hoy se ha creado entre mi cabeza y mis sentimientos, llena de actos irracionales con el único objetivo de repetir la escena del otro lado de la cama. Y no solo hablo de sexo, que tan importante es para mí, sino de otros sentimientos que debían estar dormidos en alguna de mis venas. Por fin están despertando. Por fin parece que el que suscribe ha perdido el miedo a entregarse y está en vías de hacerlo en tiempo y forma. Y lo que es más importante: con la persona adecuada. Ojalá sea así.
El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida.
Félix Lope de Vega y Carpio
Escucho: All I want is you - U2.
sábado, septiembre 16, 2006
¿Será por fin LA HISTORIA?

Ahora que yo empezaba a estar contento con mi super indice de grasa mascular y me joden el día diciéndome que tengo que irme a trabajar a Cibeles porque dicho índice encaja en su concepto de "no anoréxico bulímico perdío". Con lo bien que me lo iba yo a pasar allí, he tenido que rechazarlo en el último momento porque no encontraba nada que ponerme (en la cabeza, claro). Lo que se han perdido... y lo que a mi me apetecía. En fin, otra vez será. Mientras tanto, me sigo consolando con todas aquellas modelos que han renunciado a cobrar suculentas cantidades a cambio de no pasar por las manos de una endocrino que iba a decidir sobre su ideonidad para pasar encima de un pasillo lleno de flashes y nuevas promesas... No sin una báscula. ¡No sin mi báscula! (toma ya idea para que David vuelva a hacer de su pasarela un espectáculo)
Qué jodido es esto de la vuelta al trabajo. El stress, hace su aparición en formato de color cetrino que refleja en el espejo un matiz otoñal muy lejano de la moda que estos días se presenta. Es lo que tiene, que uno no puede trabajar tanto y a la vez quejarse tan poco. Esta semana me he recorrido 2,500 kms. por la geografía española para hacer revisiones de medio año a todo mi equipo. Me cuesta decir a un señor de 50 años que tiene que mejorar la comunicación con el resto del equipo. Y es que probablemente muchos de ellos, a la vista de mi dichoso color cetrino no solo les sudará mis comentarios (y por tanto no cobrarán el bonus) sino que además piensan ya con una pierna más allá que la que tienen aquí. Me imagino que si yo tengo que hablar con un jefe que es 15 años más joven que yo me pasaría algo similar. No me gustaría estar en su mente para ver lo que pasa. Menos mal que estos días tengo bastante con lo que pasa en la mía... y que me tiene en celo.
Parece que las zalamerías tienen su fruto, aunque no fueron realizadas con ningún objetivo. Parece que mi cuerpo y mi alma están más preparadas que nunca para vivir otra historia. Ojalá que sea LA HISTORIA. Además, y para complicar más la cosa (como siga así, yo quiero que se complique al máximo), también parece que puede ser SU HISTORIA. Así que dos historias así no pueden caer en saco roto. Te empiezas a dar cuenta que el amor pasa a tu lado cuando no concibes hacer nada (o casi nada) sin imaginar a la otra persona a tu lado. No nos miramos el uno al otro, sino que intentamos encauzar nuestra vista hacia una misma dirección. Y ya se verá lo que el futuro nos tiene preparado. De momento no puedo decir más , es pronto para cagarla. Pero mi olfato me dice que ya puedo ir pensando en dejar de pensar en solitario. Y me gusta lo que huelo, jolines maja.
domingo, septiembre 03, 2006
Sexo duro en la habitación Veintidós (yo estaba en la 23)

Recién llegado. Creo que es la primera vez en mi vida que llego de vacaciones a finales de agosto y todavía el calor domina la ciudad, como queriendo hacerme ver que el verano, que está más que acabado, no ha hecho sino empezar. Me imagino que me ayudará en la vuelta al cole, aunque de momento lo único que fomenta es un insomnio injusto. Mañana me encontraré de nuevo con la mesa de la oficina, ella conmigo, y no nos diremos ni una sola palabra. No hará falta. Y es que, un año más, lo mejor está por llegar, aunque en el tema del trabajo no me apetezca lo más mínimo regresar. Nada.
Pleno al quince, aunque en este caso sería al siete. Tarifa me ha regalado unas estupendas vacaciones con siete días de levantazo insoportable, que casualmente han coincidido con las siete noches de hotel que tenía reservadas desde el mes de Marzo. ¡¡lo mío es suerte y lo demás son tonterías!!. Insisto en que debo plantearme jugar más a la lotería primitiva a ver si de verdad saco provecho a estos aciertos no buscados. Al menos tengo el consuelo que a pesar de que al salir a la calle comenzabas a volar de forma gratuita, otros se lo pasaban mejor que yo encima de una cama.... y como los números me facilitan la vida ¿para qué irse a otra habitación cuando podía ser la que daba pared con pared con la mía?
Yo me hago notar de vez en cuando. Pero es que los que tenía al lado parece que estaban componiendo la novena de Beethoven con su voz (y sus golpes en la pared) como únicos instrumentos. Eso no era gemir, eso tenía como objetivo pernicioso el que yo sufriera de insomnio de forma permanente, aunque a veces el saber que otros son más felices que tu - siempre temporalmente- te ayuda a conciliar el sueño. Menos mal que el hotel Tres Mares -al que suelo ir desde hace unos años- es moderno, porque si no fuera así, el supuesto crucifijo hubiera cruzado mi cerebro entrando por el mismo centro de mi frente. Qué terremoto, qué forma de desgarrarse y mover las uñas rascando la pared (todavía me río del comentario de una amiga que me dijo que una conocida común tenía las uñas llenas de cal de lo trepa que era). Imagínate la cara que se me quedaba cuando me los cruzaba por el pasillo, como si nada, y tenía que decir el cuasi obligatorio "Buenos días". Tenía ganas de añadir algo como " ¿sabeis que el sexo en exceso produce una ceguera irreversible?" o " ¿conoceis una postura en la que ambos dos tienen la boca llena y les impide gritar como si les estuvieran partiendo en dos?". Pero no. Yo me callaba y sonreía, siendo cómplice absurdo de sus apasionadas noches - y dias- de amor. Y es que la envidia me corróe, pero al ver su juventud, llegué a la conclusión de que se trataba tan sólo de una joven pareja que se había conocido hace poco tiempo. El sexo a saco no dura eternamente. O eso creo yo con las cosas que nunca me pasaron....
Cuanto menos podría calificar este verano como raro. Al menos he cumplido a rajatabla eso que llaman desconectar, y que entiendo que es fundamental para enfrentarme mañana a las nueve con el careto de mi jefe, que sé que me echa de menos (debe ser el único, dudo que los que están por debajo mío lo hagan con tal anhelo). Y tengo el mes de Septiembre para encontrar casa o me veo durmiendo en un banco de la Castellana. Aunque visto lo visto con esta sauna que parece Madrid, a lo mejor dormía mejor que en mi actual -y solitaria, insisto- cama.
Me surgen, para acabar con las pajas mentales de hoy, dos dudas que a lo mejor tú me puedes responder. La primera es que, si en el sexo es necesario demostrar gestual y sonoramente que te lo estás pasando bien. Y la segunda es si la vuelta del verano, la buena suerte, o el cambio de estación harán que mi zalamería tenga su fruto. Ya lo dudo. Al menos por hoy.
"El sexo sin amor es una experiencia sin sentido. Pero, para no tener
sentido, no está nada mal." Drew Carey
