viernes, noviembre 24, 2006
22 de Diciembre: Día del polvo del mundo mundial

Pues eso. Que a través del blog de Javi Moya me he enterado que el próximo 22 de Diciembre (que es un viernes y por tanto no rima con sabadete) se ha declarado el día del orgasmo global por la paz. La historia del gran polvo es muy sencilla, y consiste en plasmar las conclusiones de un estudio que demuestra que cuanto más pasamos por la cama (acompañados y en movimiento a ser posible) más bueno y feliz es este mundo y sobre todo más felices somos los que nos ha tocado vivir en él.
Pues menuda conclusión. Vamos, que si follo más, soy más feliz. No hay que ir a estudiar a Deusto, ni tener un título de Harvard para llegar a esa tremenda “coincidencia”. Lo que cuesta un poco más es captar por qué la vecina del 4º va a ser más feliz porque yo eche un casquete 2 pisos más arriba ese día y ella haga lo propio, a ser posible al mismo tiempo ( espero que la condición no sea que lo haga en el mismo lugar, porque la vecina del 4º y su incipiente bigote como que no me pone nada). Al parecer, existen una serie de energías invisibles que se producen cuando hacemos el amor (porque yo lo hago y yo lo valgo) y que el ambiente recoge y las transmite en forma de “positivismo, bienestar y buen rollito”. Así que muchas aportaciones de este tipo y es como si el mundo entero se hubiera fumado un porro gigantesco y todos nos beneficiáramos de ello.
Mi propia aportación particular está basada en que deberíamos trasladar esta costumbre a los espacios abiertos. Esto a su vez contribuiría a que parejas que estén perdiendo la líbido (me da a mi que más de una) recuperen casi de forma instantánea su pasión mediante el truco de “miro pa otro lado y me pongo morado”. Imaginemos por un momento un vagón de metro a las dos de la tarde y que las ventanas hayan sido sustituidas por espejos. Éxito rotundo y asegurado. ¿No funciona el follartour? Pues no quiero ni pensar lo que sería una macro orgía en un vagón de los que va al aeropuerto. Así aseguraríamos una afluencia de turistas enorme que falta nos hace, aunque solo fuera para ver cómo los españolitos aprovechamos el tiempo y contribuimos a distribuir energía positiva a doquier.
El mundo se está volviendo loco. ¿O ya lo está? Contribuyamos todos con este tipo de medidas a hacer de él un espacio más feliz y si no es posible, que nos quiten lo bailado…. Podría ser una buena forma de felicitarnos la Navidad. Que así sea y que mi contribución (y la de mis lectores) valga para algo….
Pues menuda conclusión. Vamos, que si follo más, soy más feliz. No hay que ir a estudiar a Deusto, ni tener un título de Harvard para llegar a esa tremenda “coincidencia”. Lo que cuesta un poco más es captar por qué la vecina del 4º va a ser más feliz porque yo eche un casquete 2 pisos más arriba ese día y ella haga lo propio, a ser posible al mismo tiempo ( espero que la condición no sea que lo haga en el mismo lugar, porque la vecina del 4º y su incipiente bigote como que no me pone nada). Al parecer, existen una serie de energías invisibles que se producen cuando hacemos el amor (porque yo lo hago y yo lo valgo) y que el ambiente recoge y las transmite en forma de “positivismo, bienestar y buen rollito”. Así que muchas aportaciones de este tipo y es como si el mundo entero se hubiera fumado un porro gigantesco y todos nos beneficiáramos de ello.
Mi propia aportación particular está basada en que deberíamos trasladar esta costumbre a los espacios abiertos. Esto a su vez contribuiría a que parejas que estén perdiendo la líbido (me da a mi que más de una) recuperen casi de forma instantánea su pasión mediante el truco de “miro pa otro lado y me pongo morado”. Imaginemos por un momento un vagón de metro a las dos de la tarde y que las ventanas hayan sido sustituidas por espejos. Éxito rotundo y asegurado. ¿No funciona el follartour? Pues no quiero ni pensar lo que sería una macro orgía en un vagón de los que va al aeropuerto. Así aseguraríamos una afluencia de turistas enorme que falta nos hace, aunque solo fuera para ver cómo los españolitos aprovechamos el tiempo y contribuimos a distribuir energía positiva a doquier.
El mundo se está volviendo loco. ¿O ya lo está? Contribuyamos todos con este tipo de medidas a hacer de él un espacio más feliz y si no es posible, que nos quiten lo bailado…. Podría ser una buena forma de felicitarnos la Navidad. Que así sea y que mi contribución (y la de mis lectores) valga para algo….
martes, noviembre 14, 2006
El colchón cambió mi vida y de paso me ayudó a dormir mejor

Casi nunca hago publicidad de ninguna marca en este blog, pero he de reconocer que un invento así me ha cambiado la vida. Es más, si no fuera por este colchón mi nivel de stress hubiera llegado al límite y habría explotado –literalmente- de cansancio hace ya bastante tiempo. Y es que, haciendo cuentas, pasamos más de 3.000 horas al año planchando la oreja, y es muy importante elegir bien el lugar donde caer muerto – casi literalmente-.
El invento en cuestión está formado de un nuevo material denominado viscoelástica que hace las veces de abraza cuerpos sin pedir nada a cambio. Me explico. Al tumbarte en este colchón Flex Portobello (me da por llamarlo Pirandello, pero se llama Portobello y lo venden en El Corte Inglés), lo primero que notas con respecto a tu antigua cama es que todos tus músculos son envueltos como si fueras una capa más de una cebolla (que metáfora tan mal oliente pero tan realista de lo que quiero expresar). El colchón tiene su parte de muelles pero apenas lo notas. Difiere por tanto de los que son totalmente de latex, porque estos últimos “ te envuelven” demasiado y la sensación –al menos para mi- no es nada agradable. Desde que entró por la puerta de casa, no he tenido más dolores de espalda ni me he despertado dando vueltas al Jarama por el dormitorio. Y que dure mucho tiempo.
Hoy casi me dimite un tío en el equipo. Si no fuera porque tiene 56 años (por tanto saca más de 20) no hubiera hecho falta porque ya le habría colocado en otro lugar. Pero sus días se agotan en la compañía y me ha tocado a mi – y al departamento que dirijo- “aguantarle”. Porque tenemos una forma muy diferente de pensar y él ya no tiene edad – ni yo paciencia- para cambiar su forma de ver su vida y-lo que es más importante- su forma de ver su trabajo.
Este buen hombre ha escrito un mail con copia a media compañía poniéndome a parir. Mi respuesta, con copia a la misma media compañía, ha sido que me encantaría hablar de este tema con él, pero en privado. De jefe a subordinado. Soy de los que piensa, y creo que ahí está su gran error, que no es necesario irse de copas con los colegas del trabajo para cumplir bien los objetivos. De hecho, me da mucha pena la gente que reduce su vida personal a la que le plantea su compañero de mesa, sea lunes, viernes o domingo. Mi vida privada es genial, y tengo muy buenos amigos con los que paso estupendo momentos. El creo que no. Quiere ser “mi amigo”, como lo era de mi antecesor, pero yo no tengo ninguna necesidad. No es la primera vez tampoco que digo que no puedo tener más “amigos de verdad” porque no soy capaz de darles el tiempo que se merecen.
Me imagino que será cuestión de aguantar, soportar y esperar a que finalmente “la compañía” llegue a un buen acuerdo de prejubilación con él. Mientras tanto, buena cara y buena letra y cuantas menos responsabilidades mejor. Porque creo que para eso me lo han dejado. No me gustaría acabar mi vida laboral así, pero con su actitud – y sobre todo con su nulo interés por el desarrollo- me lo está pidiendo a gritos. Prefiero hacerlo yo. Aunque sea desde mi cama, y con la plena seguridad que despertaré habiendo dormido como un niño…
Y tu, ¿te llevas a matar con tu jefe? ¿duermes como un lirón?
El invento en cuestión está formado de un nuevo material denominado viscoelástica que hace las veces de abraza cuerpos sin pedir nada a cambio. Me explico. Al tumbarte en este colchón Flex Portobello (me da por llamarlo Pirandello, pero se llama Portobello y lo venden en El Corte Inglés), lo primero que notas con respecto a tu antigua cama es que todos tus músculos son envueltos como si fueras una capa más de una cebolla (que metáfora tan mal oliente pero tan realista de lo que quiero expresar). El colchón tiene su parte de muelles pero apenas lo notas. Difiere por tanto de los que son totalmente de latex, porque estos últimos “ te envuelven” demasiado y la sensación –al menos para mi- no es nada agradable. Desde que entró por la puerta de casa, no he tenido más dolores de espalda ni me he despertado dando vueltas al Jarama por el dormitorio. Y que dure mucho tiempo.
Hoy casi me dimite un tío en el equipo. Si no fuera porque tiene 56 años (por tanto saca más de 20) no hubiera hecho falta porque ya le habría colocado en otro lugar. Pero sus días se agotan en la compañía y me ha tocado a mi – y al departamento que dirijo- “aguantarle”. Porque tenemos una forma muy diferente de pensar y él ya no tiene edad – ni yo paciencia- para cambiar su forma de ver su vida y-lo que es más importante- su forma de ver su trabajo.
Este buen hombre ha escrito un mail con copia a media compañía poniéndome a parir. Mi respuesta, con copia a la misma media compañía, ha sido que me encantaría hablar de este tema con él, pero en privado. De jefe a subordinado. Soy de los que piensa, y creo que ahí está su gran error, que no es necesario irse de copas con los colegas del trabajo para cumplir bien los objetivos. De hecho, me da mucha pena la gente que reduce su vida personal a la que le plantea su compañero de mesa, sea lunes, viernes o domingo. Mi vida privada es genial, y tengo muy buenos amigos con los que paso estupendo momentos. El creo que no. Quiere ser “mi amigo”, como lo era de mi antecesor, pero yo no tengo ninguna necesidad. No es la primera vez tampoco que digo que no puedo tener más “amigos de verdad” porque no soy capaz de darles el tiempo que se merecen.
Me imagino que será cuestión de aguantar, soportar y esperar a que finalmente “la compañía” llegue a un buen acuerdo de prejubilación con él. Mientras tanto, buena cara y buena letra y cuantas menos responsabilidades mejor. Porque creo que para eso me lo han dejado. No me gustaría acabar mi vida laboral así, pero con su actitud – y sobre todo con su nulo interés por el desarrollo- me lo está pidiendo a gritos. Prefiero hacerlo yo. Aunque sea desde mi cama, y con la plena seguridad que despertaré habiendo dormido como un niño…
Y tu, ¿te llevas a matar con tu jefe? ¿duermes como un lirón?
miércoles, noviembre 08, 2006
No sin mi chándal.

Esto de venir a vivir a un barrio nuevo es lo que tiene. No sólo mis queridos amigos de Telefónica de España (Telefónica ¿de España?) me confirman que no existe posibilidad de ADSL en mi casa, sino que además el cartero pasa cada tres días, como antiguamente en los pueblos de montaña. Es extraño, dado que desde mi ventana veo los famosos cubos que prometen ser la ciudad de la operadora de aquí en unos meses. Pero sin duda, la mayor novedad en mi paseo diario es la proliferación de seres que pasean por la calle con una extraña vestimenta denominada chándal.
Todavía recuerdo que en el colegio, el chándal estaba prohibido. Teníamos un completo uniforme con el símbolo del centro tanto en el pantalón corto como en la camiseta y esta era la vestimenta todo el año. Nevara, lloviera o tronara, esa era la equipación obligatoria para hacer deporte y ay de ti como te la olvidaras en casa. El castigo estaba asegurado. Incluso, y a pesar de no tener uniforme, no nos permitían ir en vaqueros ni mucho menos con zapatillas de deporte o calcetines blancos. También nos prohibían forrar las carpetas clasificadoras de Saro. Eso de poner a Brooke Shields en la portada suponía una expulsión inmediata. Así que imaginaos qué pasaba si usabas “ropa deportiva” para algo que no fuera hacer correr dando vueltas al edificio…
Desde entonces creo que tengo un pequeño trauma. Jamás he logrado comprar uno, nunca nadie me lo ha regalado ( gracias Dios por los amigos que me has dado ) , y siempre he envidiado la gente que hace uso de dicha vestimenta desde las seis de la tarde del viernes hasta las ocho de la mañana del domingo. Incluso, he llegado a darme cuenta que disponen de diversos modelos según paseen por el parque (verde caqui de camuflaje) o vayan a comprar al Carrefour (morado flasheado láser). En fin, que será cuestión de ir un día de estos a comprarlo, apreciar su comodidad, y empezar a ahorrar un huevo en plancha, detergente y agua (ahora que apenas llueve en Madrid).
Estuvimos A y yo el fin de semana en Valencia y pude ver en directo a Jamie Cullum que me encantó. Este chico va a dar mucho que hablar. Sus temas, con un toque de Jazz muy moderno y actual, calaron en el público que saltó y vibró casi más que él sobre el escenario del Heineken Greenspace. También tuve la oportunidad de visitar –por primera vez después de muchos años- el oceanográfico. Muy chulos los túneles con los peces. El resto, evitable, aunque interesante. Me imagino que si me hubiera puesto la prenda mágica otro gallo hubiera cantado. ¿o hubiera sido un delfín?
Me voy a ver a Antony and the Johnsons. Promete. Ya te contaré. En vivo y en directo. Y esta vez prometo ser bueno...
